lunes, 4 de diciembre de 2017

Mateo 8,5-11. UNA PALABRA TUYA , BASTA






Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole":
"Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente".
Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo".
Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo hace".
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.
Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos". (Palabra del Señor)


En una legión había 6000 soldados separados en 60 centurias y al frente de cada una de ellas, un Centurión. Éstos, eran la columna vertebral del ejército romano, los que mantenían la disciplina entre los soldados y los que mantenían unido al ejército. Una persona acostumbrada a ordenar y   mandar. Eran muy selectos dentro del esquema romano.



Este hombre, una persona capaz de mandar cumplir estrictas normas de disciplinas, estaba totalmente sensibilizado por lo que le pasaba, no a uno de sus soldados, sino a uno de sus sirvientes. Y aunque esta palabra duela para el siglo que vivimos, así eran llamados, y así tratados por todos.  Convengamos que este centurión actúa en contrario a todos  o casi todos. El siervo no tenía derechos. Decían en la época que un amo y un esclavo no tienen nada en común. El esclavo era una herramienta viva, y tenía la misma consideración que una herramienta que era un esclavo inanimado. Quizás sea la inesperada gentileza del centurión para con su esclavo o sirviente, lo que conmovió a Jesús.



Un verdadero líder el Centurión, no solo de su gente, sino de quienes estaban allegados a él. Porque si esto hacía por su siervo, nos hace suponer lo que haría con los que estuvieran entre ese sirviente y él: familiares, amigos, e incluso uno de sus subordinados. Una persona que sufría con aquel que estaba a su cargo, que el dolor o la angustia de un empleado, lo conmovía. Una persona que estaba dispuesto a asumir la carga del hermano, y ayudarle a llevar esa carga. Una persona que se consideraba guardián de su hermano, sin ningún tipo de vergüenza por actuar en contra del común de sus iguales ante quien era considerado una cosa…


Extraordinario no solo por pensar en el más “ínfimo” de sus sirvientes, como por la fe, seguro del poder de Jesús, un humilde carpintero a quienes entre sus pares tratarían de nada, de poca cosa, de revolucionario que produce disturbios, de rodearse de gente común, sin preparación y hacer un pequeño ejército , muy poca cosa para el poder que ostentaban.


Y fue y pidió, y conmovió el corazón de Jesús, que actuó a distancia, sin tocar sin mirar, y para desconcertar una vez más a
quienes consideraban a Jesús un mago que actuaba sobre la gente con solo tocarlos…
Y era alguien que no era del mismo “palo” , ni seguidor, ni discípulo ni nada. Uno de afuera, de la contraria, del poder dominador.


Este adviento que comenzamos a recorrer nos sacuda el corazón. Necesitamos mover la modorra y volver a poner nuestra mirada en  nuestros hermanos, los que están al lado, los que nos ayudan , los que son nuestros empleados, los otros, los pobres, los niños , los jóvenes en problemas, los ancianos olvidados. Si nosotros nos olvidamos de ellos ¿Quién se ocupará, quien llevara su carga,
quien será su custodio? Solo basta pensar en tanta gente que vive alrededor nuestro y que hoy, como aquel sirviente del centurión , necesita que alguien se las juegue por ellos, que alguien los defienda, los ayude en su enfermedad, los asista en la escasez, el dolor, las penas…
Y nos renueve en la fe… una palabra tuya Señor basta, y confiar en esa Palabra, a ciegas, sabiendo que en sus manos somos fuertes, somos reyes, somos únicos, somos criatura delicada y amada por su creador, que mira a cada uno de nosotros, aun con más delicadeza que aquel centurión a su esclavo.


Buena jornada para todos. Dios bendiga y movilice nuestro corazón.
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