viernes, 1 de diciembre de 2017

Lucas 21,29-33. MIS PALABRAS NO PASARÁN


Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:
"Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." (Palabra del Señor)

 Jesús hablaba y suponía que todos eran observadores de cada hecho de la naturaleza aun el más pequeño como cuando un árbol cuando comienza a echar brotes, anunciando la llegada del verano… con el tiempo hemos perdido la capacidad de observación. Nos cuesta levantar los ojos y ver una hermosa puesta del sol o un amanecer, algo que dejamos relegado solo a esos días de ocio o de vacaciones. Nos cuesta observar la copa de un árbol y nos embelesa tanto ver una calle con arboles floridos, como si nunca hubiesen existido ahí y aparecieran de repente.


La ciudad, nos vuelve más pragmáticos y buscamos en pronósticos de tiempo lo que antes se hacía con la percepción, con mirar al cielo… muchas cosas han cambiado para bien, y muchas cosas hemos perdido no dándonos cuenta de las maravillas que hace Dios en cada rincón de la vida, de la naturaleza,


Quizás nos hace falta mirar más los mensajes que nos da la naturaleza, para pensar qué estamos dejando para las generaciones futuras. Desierto, cemento donde había tanta naturaleza, desmontes indiscriminados, que harán que más adelante, la gente le eche culpa a Dios por tantos desastres, ocasionados por el hombre de hoy.



Pero todo pasará, pasaron nuestros antepasados, pasaremos nosotros, y las generaciones venideras. La Palabra de Dios sigue firme. Leer un libro del siglo pasado, nos lleva a ese momento, al pensamiento de esa época. Muchas cosas cambian… un día un chico me decía leyendo un libro de moral de comienzos del siglo XX: ¡hay cosas que ya no son pecado!...
Lo que no cambia es la Palabra, que nos da esperanza, paz. Siempre está y estará haciéndose nueva en cada momento de la historia, teniendo esa virtud de ser eternamente joven.

Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come,
Así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

Leemos en el Profeta Isaías capitulo 55.

Así como al comulgar, Jesús invade la vida, llena cada partícula de vida de mi ser para hacerla otro Jesús, se convierte por los procesos digestivos en parte de mi
sangre y mis células, Jesús se hace uno conmigo, cuando leo y medito la palabra, es Dios mismo que me habla, entonces cuando digo: yo leo el evangelio, debo decir, Jesús me habla  y me deja su mensaje.

Todo pasa, solo Dios queda.


Nada te turbe, 
nada te espante, 
todo se pasa, 
Dios no se muda;
la paciencia 
todo lo alcanza; 
quien a Dios tiene 
nada le falta:
Sólo Dios basta.


Decía Santa Teresa de Jesús.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día.
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