viernes, 22 de diciembre de 2017

Lucas 1,46-56. MAGNIFICAT


María dijo entonces:
"Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa. (Palabra del Señor)


Emoción contenida desde el momento de la anunciación. Aquello que había sido algo privadísimo,  ahora se volvía una revelación por parte de otra persona, o de una persona con su hijo en el vientre. Isabel confirmaba todo lo que le había dicho el ángel. Después,  el viaje, con lo difícil que era transitar. Por el tiempo transcurrido… entonces cuando ella , llegó el niño en Isabel saltó de gozo, se lo hizo saber y María exclamó este canto maravilloso: el magníficat, un himno cantado y recitado por millones de personas en el mundo y que habla, entre otras cosas de un triunfo de Dios sobre ciertas cuestiones humanas, de un orden, de un proyecto divino.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.  Con Dios, y con el evangelio,  cae en pedazos el orgullo del hombre. Ponerse al lado de Jesús significa  romper el orgullo. Lástima que algunos entienden al revés y creen que estar en sus cosas, los empodera hasta hacerlos más orgullosos tratando mal a la gente, decidiendo quien puede participar en sus cosas y quien no, siendo más papista que el Papa, haciendo uso de poder sobre todo con los más vulnerables. A veces sucede algo en nuestras vidas que arroja una luz brillante  y reveladora que nos descubre la vergüenza. Nos damos cuenta del error, cuando hemos tratado mal a alguien, cuando nos hemos dejado llevar por el orgullo, la soberbia, cuando ninguneamos a los demás por su condición social o económica. Entonces llega ese rayo de verdad y nos sentimos con mucha vergüenza. Es cuando Jesús está haciendo la tarea de dispersar la soberbia de nuestra vida.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes: el evangelio pone fin a las etiquetas y al prestigio del mundo. Nadie es más ni menos, todos somos hijos del mismo Dios. No hay despreciables, pues Cristo murió por todos y eso nos iguala, tanto como aquello en que nos convertimos después de muertos, en cenizas. El cementerio está lleno de ricos y pobres todos iguales. Quizás algunos con tumbas más finas, pero lo de dentro es lo mismo. Cuando nos elevamos en el avión y miramos desde arriba vemos casas, construcciones, edificios, alguna que otra persona, pero son todas pequeñísimas aunque dentro se viven historias diversas. Si a esa altura somos todos iguales de pequeños, ¿cómo nos verá Dios? y sin embargo por cada una de esas pequeñas personas incluidos vos y yo, Jesús entregó su vida.


Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías:

Una revolución social, que no asemeja a Jesús con un partido o pensamiento político. Es al revés, aunque muchos hicieron una copia muy mala.
Una sociedad cristiana es aquella en que los bienes se distribuyen de mejor manera. No,  donde una mínima parte tiene muchísimo y una gran parte tiene lo mínimo y a veces ni eso. El evangelio nos debe hacer trabajar por este tipo de sociedades donde no haya tanta desigualdad, y en lo que a cada uno corresponda, hacer un mundo mejor.

María lo entendió, lo vio y lo cantó. Ella, una mujer sencilla había recibido el don de Dios. Jesús podría haber nacido en casa de los ricos de la sociedad aquella, podría haber nacido en casa donde no faltara nada. Sin embargo eligió la pobreza, la humildad, y trató  de iguales a todos, ayudando al más rico como al que menos tenía, igualando, dándole vida a todos.

Que podamos junto a María entonar este canto, haciendo nuestro propio magníficat, por todo lo que Dios hizo y hace a lo largo de este año, agradeciendo por tanto don recibido.

Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día
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