martes, 7 de noviembre de 2017

VENGAN, TODO ESTÁ PREPARADO Lucas 14,15-24.





En aquel tiempo:
Uno de los invitados le dijo: "¡Feliz el que se siente a la mesa en el Reino de Dios!".
Jesús le respondió: "Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente.
A la hora de cenar, mandó a su sirviente que dijera a los invitados: 'Vengan, todo está preparado'.
Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse. El primero le dijo: 'Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego me disculpes'.
El segundo dijo: 'He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego me disculpes'.
Y un tercero respondió: 'Acabo de casarme y por esa razón no puedo ir'.
A su regreso, el sirviente contó todo esto al dueño de casa, y este, irritado, le dijo: 'Recorre en seguida las plazas y las calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los paralíticos'.
Volvió el sirviente y dijo: 'Señor, tus órdenes se han cumplido y aún sobra lugar'.
El señor le respondió: 'Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa.
Porque les aseguro que ninguno de los que antes fueron invitados ha de probar mi cena'". (Palabra del Señor)

¡Ah ese banquete soñado del Reino!, donde se sentarían todos los justos, los que por mérito propio, ocuparían un lugar de privilegio, cuando llegue el Mesías. Un espacio destinado, claro, a los más puros, a los de la nación elegida, a ellos, solo a ellos.


Pero algo falló. Tanto esperaron ese momento y no supieron reconocer su llegada.  Muchos le dieron la espalda. Esperaban otra cosa. Un rey ostentoso y poderoso a la vez que libre de la dominación casi perpetua a aquel pueblo.


Las fechas de  las fiestas se fijaban con mucha antelación y se mandaban las invitaciones para que se dijera si iban o no. Lo que no se decía era la hora, así que llegado el día se mandaba a los empleados a decir: vengan ya es la hora. Un insulto muy grave, que habiendo dicho sí, no vayan.


Fueron a buscar a los invitados, dijeron que no. Entonces
partieron por pedido del dueño de la fiesta a buscar a quienes no estaban en la lista de entrada… y fueron. Y después otros y así, se lleno el salón. Gente que si aceptó la fiesta, que si quiso entrar. Gente con ganas de participar, con ganas de ser feliz, de gozar del banquete, de encontrarse con hermanos, de vivir.


Si vamos a la parábola, los que estudian dicen que los invitados, eran los judíos. Esperaban al mesías y cuando éste llego, muchos lo ignoraron como tal. Los “ pobres, los lisiados,  los ciegos y  los paralíticos”, eran los publicanos y pecadores, rechazados por todos, aceptados por Jesús.
Y los de”  los caminos y  largo de los cercos”, eran los gentiles, los que no tenían el mismo linaje israelita.


Había un autor que decía: la naturaleza y la gracia, no quieren vacíos…


Por eso podemos caer en la desgracia de no aceptar la invitación que nos hace el Señor. E identificarnos con algunos de los que dijeron NO.


El primero, fue porque compró un campo… las cosas del mundo, los negocios, las preocupaciones, tantas cosas en este mundo que nos alejan de Dios, tantas cosas que usurpan el derecho de Dios, que nos sacan incluso el tiempo de orar.


El segundo,  había comprado cinco yuntas de bueyes y quería probarlos… la novedad, el celular nuevo, un nuevo auto, un nuevo “juguete”, una nueva herramienta, una nueva relación, ¿Por qué nos privan del derecho de gozar de la fiesta del Señor? ¿Por qué ellos, son más fuertes que nuestra pasión por sus cosas?


El tercero, es el que por ley, estaba en lo correcto. Cuando se casaban, tenían derecho a  desistir de fiestas, reuniones, hasta de ir a la guerra. Estaba ausente por una buena razón. Pero también las buenas razones, nos alejan de Dios. Lo bueno en cierta manera,  es enemigo de lo mejor. Y lo mejor, quizá hubiese sido que los dos esposos vayan a la fiesta ¿verdad?, que sean los dos los que gocen del derecho de estar en la gloria de Dios, los dos donde habite el Señor, los dos que formen una familia cristiana, los dos que se amen en Dios y con el amor de Dios.


Excusas, algunas valederas otras no. La invitación está hecha desde siempre en nuestra vida. En cada uno estará aceptarla o desistir. Es gratis y se la pasa realmente bien. Hay mucha alegría, todos somos hermanos, y hay lugar para todos, pues naturaleza y gracia, aborrecen lugares vacíos.



Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día 
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