martes, 28 de noviembre de 2017

Lucas 21,5-11. NO SE DEJEN ENGAÑAR



Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".
Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo." (Palabra del Señor)

El escritor Flavio Josefo decía, acerca del templo:


Los pilares de los pórticos y las columnas eran de mármol blanco de 12 metros de altura de una sola pieza. El adorno más famoso era la representación de una parra, toda de oro, con racimos del tamaño de una persona. La fachada del templo no carecía de nada que pudiera sorprender a los ojos o la imaginación porque estaba recubierta por todas partes de planchas de oro de gran peso y a los primeros rayos del sol, reflejaba un esplendor ardiente y obligaba a apartar la mirada a quienes  intentaban fijar en ella los ojos, igual que si hubieran querido mirar el sol. Pero el templo les parecía a los extraños que lo miraban a la distancia como una montaña cubierta de nieve porque las partes que no estaban enchapadas en oro, eran extremadamente blancas…



Jesús mirando el templo, profetizó. Por supuesto, los que lo escuchaban, no podían imaginar como esa majestuosidad un día fuera escombros…imposible, por lo robusto, por lo hermoso, por lo extremadamente rico. Pero esa destrucción llegó hacia el año 70. La ciudad fue tomada piedra a piedra, destruido todo, muchísimos muertos, muchos cautivos, la nación judía fue borrada, el templo , incendiado y desolado…


Antes Jesús, al mirar la ciudad desde lejos lloró por ella, por lo que le vendría por no aceptar la visita de Dios, por dejar pasar al Mesías que decían esperar, pero sin embargo no reconocieron.



Este tiempo de final de año litúrgico nos trae estos pensamientos de fin del mundo, que nos hacen pensar en nuestra realidad cotidiana.



Quizás la primera sea esta de que por más grandioso ante los ojos humanos, todas las cosas y también las personas tenemos un final. Que la riqueza, el poder, la soberbia, el orgullo, la condición social, no impide algún día partir. El cementerio nos iguala a todos, desnudos vinimos, desnudos nos vamos, desnudez de  títulos, de dinero, de poder, de gloria. Por más planchas de oro que hayamos puesto en nuestra fachada , en nuestra imagen, eso quedara algún día desarmado, y lo que vivirá , es el alma, eterna, indivisible, que viaja  al encuentro de Dios.



¿Cuándo? No sabemos. Ni el final de toda la historia de la humanidad.
La cuestión es no dejarnos engañar. En momentos de confusión, siempre aparecen los que aprovechan el momento para hacerse de seguidores a quienes confunden más. Pasa, cuando se habla de tal fecha para el final de todo, pasa cuando nos encontramos vulnerables por alguna situación particular. Se acerca alguien, se aprovecha de la situación, de la gente, los engañan.


Quizás se trate de saber leer los signos de los tiempos, que como en el caso del templo con Jesús, se hacen mejor si nos dejamos guiar por su mirada . Cuanto más cerca estemos de su gracia, de su amor, podremos interpretar mejor lo que pasa en la historia personal y global. Darnos cuenta de que falsos profetas, guerras y revoluciones,  levantamiento de nación contra nación, terremotos  y/o pestes y hambre en muchas partes, y señales en el cielo , algo significan.


Que podamos mirar la vida con los ojos de Dios. La vida de gracia nos da certezas de lo que está bien y lo que está mal, nos hace ver la vida de manera distinta, nos enseña a distinguir a Jesús de tantos falsos profetas. Solo hay que adentrarse en ella y dejar que Jesús tome nuestra vida y nos de su mismo corazón y su alma.,


Buena jornada para todos., Dios bendiga nuestro día
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