jueves, 23 de noviembre de 2017

Lucas 19,41-44. VIO LA CIUDAD Y LLORÓ


Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,
diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios". (Palabra del Señor)

Jesús bajaba  a Jerusalén, la vio y lloró. Lágrimas de hombre y lágrimas de Dios. Aquella ciudad se estaba metiendo en maniobras e intrigas políticas, que acabó con ella en el año 70 DC. Si hubieran dejado de pelear entre ellos, y renunciaban a tantos conflictos ocasionados por egoísmos, y hubiesen aceptado el mensaje del Señor, mensaje de paz y humildad, otro hubiese sido el destino.  Es por un principio de acción y reacción. Lo que uno siembra eso, para bien o para mal, recoge. Siembra paz, humildad, sacrificio y esfuerzo, cosechará eso multiplicado. Si uno siembra discordia, cizaña, egoísmo, violencia, todo vuelve, y se recoge lo mismo o más…


Porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios, decía el Señor.

¡Cuántas veces dejamos de reconocer al Señor, que pasa al lado nuestro! En el pobre que llama a la puerta, que pide en la calle. En la angustia del hombre o mujer sin trabajo. En el que clama por un oído que escuche sus lamentos, por un abrazo que arregle media vida.  Ha venido tantas veces a nosotros “disfrazado” del otro,  hasta cuando estábamos mal y  puso la mano en nuestro hombro para consolarnos  disfrazado de amigo y hemos rechazado ese consuelo, despotricando contra él.


Cuantas veces nos ha llamado, desde un grupo, por un amigo, por una noticia, por un afiche colgado en cualquier lado, y no lo hemos reconocido.
Cuantas veces, lo hemos visto tirado, lastimado, medio muerto como aquel judío que bajaba  de Jerusalén y Jericó y fue asaltado por unos ladrones que lo dejaron medio muerto, y nosotros cual personajes de la época, lo vimos y seguimos de largo.


Cuántas veces hemos elegido la discordia, las luchas internas entre familias, la violencia, la insensatez en el trato con los demás…



Y nos alejamos…y a Jesús, Dios amigo, le da nostalgia por nosotros, y llora y silenciosamente nos ve partir como aquel joven rico del evangelio que se quedó en intenciones, pero aferrado a sus seguridades mundanas.




Roguemos al buen Dios que por nuestras actitudes, no nos alejemos de Él. Roguemos por nuestra Patria que a veces parece meterse en luchas de egoísmos y disputas, donde a “rio revuelto ganancia de pescadores” como dice el dicho, roguemos por nuestras familias, por nuestras amistades.

Hoy seguimos en nuestra patria, rogando por estas 44 familias que esperan el  milagro del regreso a casa  de sus hijos, esposos, esposa, padres.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día
Publicar un comentario