jueves, 2 de noviembre de 2017

FIELES DIFUNTOS Lc. 24,1-8


El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro  y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
 Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
 No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día». Y las mujeres recordaron sus palabras. (Palabra del Señor)



 El evangelio nuestro de cada día, hoy  2 de noviembre, nos ayuda a conmemorar a todos nuestros difuntos.

Fue un día domingo, de madrugada. Había pasado el sábado “tan solemne”, después del entierro de Jesús inmediatamente de haber muerto, para que no quede su cuerpo en la cruz en aquel día.
Y fueron las mujeres, y se encontraron con la piedra corrida, y no estaba el cuerpo de su maestro.

Dice el evangelio que “estaban desconcertadas”. Es el desconsuelo agregado al desconsuelo. Como nos pasa a nosotros cuando la muerte de algún ser querido toca nuestra vida, nos estremece, nos hace pensar en sus últimos momentos, en si se pudo  o no evitarlo, no sabemos qué pensar. Se nos viene la vida y la muerte en un instante, los recuerdos buenos y malos, la experiencia, tal vez las enseñanzas, pensamos en nosotros en nuestro destino final, en “¿qué es la vida?” y después de esto ¿qué?. Es una fecha al azar, por lo menos así parece, impensada a veces, esperada otras a consecuencia de una larga enfermedad. La persona esa ya no está, ya no estará más, no volverá por las noches, no sonreirá más, se apagó una luz.

Entonces surge la esperanza que nos da Jesús. ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?, le dijeron aquellos ángeles a las mujeres. Si. Jesús está vivo a tu lado y a mi lado y con él vive mi papá, mi mamá, mi hermano, mi esposo, mi esposa, y en él puedo sentir su presencia viva que guían mis pasos, mis proyectos… algún día nosotros también estaremos con Él, lo veremos tal cual es, podremos levantar la vista y mirarlo a los ojos y sentir en plenitud el amor, entenderemos todo, sabremos todo, podremos ayudar a nuestros seres queridos, mientras tanto seguimos aquí, como Iglesia peregrina , pensando en este día en todos nuestros amigos que ya partieron y que “desde alguna estrella” velan por cada uno.

Ojos que ya no miran, boca que no habla ni besa, ni bendice. Oídos que ya no escuchan, manos que no acarician ni trabajan ni modelan, ni pintan, ni entregan. Pies que ya no llevan a ningún lado, que se apagan…. Corazones que ya no palpitan, sonrisas que ya no alientan, palabras que se han ido, escrituras que quedarán en papeles amarillos. Hay un dolor en el pecho y en la vida cuando se van. Hay un desgarro  en el alma cuando parten, anticipando nuestra ida. Algún día volveremos a reunirnos, algún día volveremos a mirarnos de nuevo a los ojos, y nos daremos un abrazo, y ya será para siempre.

Por ellos, por nosotros, porque se fueron, porque nos esperan, porque están presentes aunque ya no están, porque cada papel escrito en hojas ya amarillas, nos hablan desde el recuerdo y la emoción, por ellos, hoy rezamos, hoy rogamos, hoy lloramos, pero también, esperamos ya no buscarlo entre los muertos a los que viven para siempre. Ellas recordaron las palabras de Jesús. Hoy también recordamos sus palabras y gestos.




Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día
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