miércoles, 8 de noviembre de 2017

CALCULAR EL COSTO Lucas 14,25-33.

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: 
"Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:
'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo." (Palabra del Señor)

Ningún amor en la vida, debería superar el amor hacia Jesús, ni el más poderoso de los amores, ni el más noble. En él tenemos la vara del amor, la meta, el deseo profundo por parecernos a Él. Y por más noble, puro, enorme  amor que nos tengan, no habrá amor más grande que el suyo, por vos y por mí, por cada uno en lo personal. Es que el amor de Dios tiene de papá, pero también y más de mamá. Es como un amor de hermano verdadero, el que es y el que uno elige.  Es más fuerte que todo el amor potenciado entre dos esposos que se aman, entre dos que bendicen, porque su amor da Espíritu Santo que es más aún.



¿Es posible ser seguidor de Jesús sin ser discípulo? La vida dice que sí. Hay muchos (ojalá no estemos entre ellos) que se  dan mañas para ser seguidores de lejos, pero no son discípulos. Son los que se paran en la tribuna a alentar: ¡Jesús! ¡Jesús!, pero no se meten en la cancha a jugar el partido con Él, y de esos, no necesita.

 Muchos que se llaman cristianos, de cruz al cuello, de Biblia en casa, pero no se plantean la necesidad de sentarse a sus pies para escucharle, todos los días, para hablar con Él, para preguntarle, para interpretar los signos de los tiempos con Él al lado.  Hay muchos que se llaman cristianos, pero nunca quieren asumir una cruz, la aborrecen, ni la de todos los días, las del esfuerzo personal, la de la lucha diaria, la de la paciencia con alguien que molesta, la del dolor, en definitiva esa cruz hecha a mi medida, para mí, la que me da Dios y puedo cargar. Entonces seremos parte de un número, el de los cristianos en el mundo, pero no sus discípulos.


Pero también para seguirle, debemos calcular el “costo” de hacerlo.  Cuando se ven edificios abandonados sin terminar, lo primero que se piensa es: se quedaron sin dinero para seguir…no hicieron el cálculo de entrada.

Cuando nos decía Jesús que a Dios hay que amar con todo el corazón, la mente, el espíritu  y toda la fuerza, esa fuerza significa la pasión y la perseverancia con que amo. Tanto pasión como perseverancia me obligan a ser constantemente nuevo en lo que hago, nuevo en el amor, nuevo en la entrega, renovando la pasión por sus cosas, haciendo nuevo en cada semana, lo que quiero, lo que espero, el deseo de seguirle.  Para las cosas del mundo sabemos que debemos hacerlo, para el amor en pareja, debemos hacerlo sino caemos en la enfermedad mortal que se llama rutina… para lo de Dios, con más razón.  Él ,hace nueva todas las cosas, para que nosotros podamos comenzar con la misma pasión en cada día.


Le pregunté a Dios si era fácil, decía aquel muchacho que estaba calculando el “costo” de seguirle… VALE LA PENA, me respondió Él.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día
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