viernes, 10 de noviembre de 2017

ADMINISTRADOR DESHONESTO Lucas 16,1-8.


Jesús decía a sus discípulos: 
"Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes.
Lo llamó y le dijo: '¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto'.
El administrador pensó entonces: '¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza.
¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!'.
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?'.
'Veinte barriles de aceite', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez'.
Después preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?'. 'Cuatrocientos quintales de trigo', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y anota trescientos'.
Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz." (Palabra del Señor)


Todas, personas que podríamos llamar: pícaras.

En esas tierras de Palestina, dicen habían muchos terratenientes que vivían lejos de sus tierras. Posiblemente este “hombre rico” fuera uno de esos que dio toda la administración de sus bienes a un administrador, un hombre pícaro para hacer negocios, sagaz, astuto.

Los deudores, otro tanto. Quizás eran arrendatarios que pagaban su renta, en especie…

El administrador quedo sin trabajo. ¿Qué haré? Dijo. Falsificó la deuda de los deudores, de acuerdo con ellos: hacía figurar la deuda como menor. Eso traía dos cosas: que los deudores tengan una deuda de gratitud con él y también, tenerlos ahí, en la mira como quien diría, listos para chantajearlos si algo salía mal. Toda una maquinaria ingeniosa como inescrupulosa, para zafar del momento y conseguir lo que deseaba.


También ese “hombre rico” parece, era igual de pícaro, pues en vez de escandalizarse, alabó la picardía del administrador. Quizás hoy, la solución que buscaría ese administrador sería otra, más sofisticada, más escondida,  peor de corrupta.


Y no es que Jesús esté alabando la corrupción o la forma inmoral de conducirse.  Hoy, pueblos, generaciones enteras, naciones grandes o pequeñas, sufren la corrupción de muchos que producen dolor, muerte, de verdad. Es la corrupción un cáncer que invade pueblos enteros, que daña tanto a naciones en desarrollo y desarrolladas, todo a espalda de la gente…

¿Pero entonces cual será el mensaje de Jesús?

A vos, a mí, a padres de familias a sacerdotes, pastores, jóvenes, niños adultos, laicos, a todos nos dice: debes vivir tu vida de fe con la misma astucia que viven los del mundo sus cosas.


San Juan María Escriva de Balaguer dice cuando habla de las pasiones dominantes:

“Me dices que sí, que quieres. —Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer? —¿No? —Entonces no quieres”…

Es que muchas veces lo que vivimos como cristianos, no tiene la misma intensidad, la misma pasión que tiene la pasión que ponemos en las cosas del mundo, la misma astucia para evangelizar, para vencer el mal, para ser creativos,  para relacionarnos, para divertirnos, para vivir el cristianismo con una naturalidad tal que los demás lleven a preguntarse: ¿Qué hizo que esta persona sea así?

Después continúa el santo:

Cuando alguien se propone seriamente una tarea, cuando su vida está polarizada en un fin, todo lo que con esa meta se relaciona -y en la medida en que se relaciona- da lugar a inclinaciones operativas, vitales, apasionadas, y aquello se ama y se defiende con calor.

Muchos ponen pasión en las cosas del mundo. Nosotros los futboleros somos capaces de recordar a nuestros rivales, toda la semana cuando el triunfo es de uno contra el otro… nos sabemos de memoria las jugadas, festejamos cada una de ellas. Pero salimos de misa y ya ni nos acordamos de que se trataba el evangelio…ni siquiera ponemos la misma astucia, pasión, convicción que lo mundano en las cosas del Señor.

Tenemos que escuchar la alabanza a un corrupto, y hasta escandalizarnos por la comparación,  para darnos cuenta que nuestra vida de fe, debe ser más intensa, más apasionada, más astuta, más creativa.


Buena jornada para todos, Dios bendiga nuestro día.
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