martes, 3 de octubre de 2017

JESÚS LOS REPRENDIÓ Lucas 9,51-56.

  
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo. (Palabra del Señor)


Dicen los que estudian el evangelio en profundidad, que no hay en el mismo,  una enseñanza a la tolerancia más grande que la de estos versos.

Para ir de galilea a Jerusalén, el camino más directo era pasar por Samaria.

Muchos no lo hacían para no “contaminarse” con el pueblo que ellos consideraban infiel.  Jesús camino a Jerusalén, ya el último destino después de tanto camino recorrido,  les pidió a sus muchachos que consigan donde alojarse, y por supuesto, la respuesta fue un no rotundo a esas pretensiones. No solo se decía que no al hospedaje, sino se negaba la amistad y
parece que nuestros amigos Santiago y Juan, creían obrar con radicalidad, con valor, con justicia y le dicen "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".  O sea destruir al que piensa distinto, al que no ofrece amistad y alojamiento, al “enemigo” de la causa, al que ve la vida de otra manera, quizás hasta el fanatismo de creer que Dios solo obra entre ellos, a la manera de ellos, que Dios piensa como ellos, que los tiempos son los de ellos…y no los de Dios.


Algunas veces pedimos a Dios que saque las cizañas de entre el trigo y Dios nos dice: convive, se fuerte y espera la cosecha final… algunas veces decimos a Dios, cómo no se acaba fulano de tal que tanto daño hace, y otras veces rechazamos al que piensa distinto, al que es distinto, al que vive de manera distinta a la nuestra, al que viene de afuera, al de condición social que decimos, inferior, al pobre, al que huele mal, al que rechaza nuestra ayuda, al que no “nos deja pasar hacia Jerusalén” esto es al que pone trabas a nuestra vida de fe, al que impide que estemos en la cosa de Dios, y a veces esto sucede entre la gente que más queremos…


Hoy Jesús nos dice: se tolerante. Él, tiene  formas distintas de llegar al corazón de cada persona, los tiempos de Dios no son los tiempos de los hombres.

Y esa tolerancia, aunque cueste pues muchas veces “nos hierve la sangre” como decimos, debemos hacerla no en la indiferencia (como quien dice: haz lo que quieras, no es cosa mía, vos sabrás) sino en el amor, sabiendo que esa persona, es más que un enemigo al que debemos destruir, un amigo extraviado al que debemos recuperar con amor… difícil ¿verdad? , pero bueno, ser cristianos, ser sus discípulos, nos hace diferentes, o nos debe hacer diferentes.

Será cuestión de ejercitar todos los días, a cada rato, la tolerancia. En el colectivo, en la calle, en el hogar, con los amigos, en la política, en el espectáculo deportivo, ante cada personaje que a veces nos sacan de quicio y que sin embargo son seres a amar o a amar más de lo que ya hacemos.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día
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