jueves, 14 de septiembre de 2017

FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA CRUZ Juan 3,13-17.


Jesús dijo a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» (Palabra del Señor)

 Jesús, según los estudiosos dicen ,  un 7 de abril del año 30, en vísperas de la Pascua de aquel año, fue condenado por Poncio Pilato, representante del Imperio Romano, instigado por los judíos, cuyo sumo sacerdote era Caifás. Fue levantado en lo alto, para que todos los que creemos en Él, tengamos vida eterna como dice hoy el evangelio.

La fiesta de hoy, recuerda la recuperación de la cruz en que murió Jesús. Había sido trasladada a Persia por el rey Cosroes, como botín de guerra después de apoderarse de Jerusalén en el año 600 y matar a miles de cristianos. Catorce años después, Heraclio, Rey de Constantinopla persiguió a Cosroes y entró victorioso en Jerusalén portando la cruz que había recuperado. Era una marcha triunfal, llena de lujo. Le hicieron saber así, y que no correspondía por lo que llevaba. Heraclio se despojó de su manto y descalzo, llevó en su hombro el madero sagrado y lo repuso en el monte Calvario. Esto tuvo lugar un 14 de setiembre del año 614.

No me mueve, mi Dios, para quererte 

el cielo que me tienes prometido, 
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 

clavado en una cruz y escarnecido, 
muéveme ver tu cuerpo tan herido, 
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, 

que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera, 

pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.



La cruz, es el signo de amor más grande. Él ya lo había dicho: ustedes son mis amigos y no hay mayor amor que dar la vida por los amigos. La cruz , para la época era condenación de la peor. Muchos nos dicen que si Jesús hubiese vivido en otra época, nosotros llevaríamos una guillotina o una silla eléctrica o vaya a saber qué cosa, símbolo de las muertes más horrendas de la historia, pero Jesús vivió aquella época, salvó aquella y nuestra historia, era el momento oportuno, la hora señalada, la esperanza acumulada…y murió en una cruz. Una cruz de madera con cada fibra lastimando, con cada gramo pesando y aumentando el sufrimiento del Señor.

La cruz no es derrota. La cruz es símbolo de victoria, pues en ella, pasando por el dolor de Jesús, llegamos a ser de nuevo, hijos plenos de un Dios que nos buscó desde siempre.

La cruz no es una cábala que llevamos al cuello, o que besamos de vez en cuando, o que tenemos en casa “por las dudas”. La cruz no tiene que ver con esos adornos de oro o plata, bien talladas y lustradas. La cruz no tiene que ver con algunas que se usan en el pecho, ampulosa, grande, que adorna, que reluce… la cruz en silencio, es amor, es respuesta.

La cruz es totalidad de amor, pues lleva el palo vertical, clavado en la tierra, haciendo puente e indicando el infinito, el cielo, el “arriba”. Y tiene el palo horizontal  que me señala al hermano, del norte y del sur, del éste y del oeste

Bendita inspiración, la que nos hace pensar en ese momento, la que nos hace sentir en la presencia del Señor, la que nos hace escuchar como si Jesús nos hablara desde el madero, entregando su vida por amor:

Cuánto he esperado este momento, cuánto he esperado que estuvieras 
así. Cuánto he esperado que me hablaras, cuánto he esperado que vinieras a mí. 


Yo sé bien lo que has vivido, yo sé bien por qué has llorado; yo sé bien lo que has sufrido pues de tu lado no me he ido. 



Pues nadie te ama como yo; mira a la cruz, esa es mi más grande prueba. Nadie te ama como yo. Pues nadie te ama como yo, mira a la cruz, fue por ti, fue porque te amo. Nadie te ama como yo. 



Yo sé bien lo que me dices , aunque a veces no me hablas; yo sé bien lo que en ti sientes aunque nunca lo compartas. Yo a tu lado he caminado, junto a ti yo siempre he ido; aún a veces te he cargado. Yo he sido tu mejor amigo.(martín Valverde)


Buena jornada para todos. En la cruz encontramos la respuesta. Dios bendiga nuestro día
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