viernes, 4 de agosto de 2017

NO HIZO ALLÍ MUCHOS MILAGROS Mateo 13,54-58.


Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. "¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?
¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?
¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?".
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia".
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente. (Palabra del Señor)

En el mundo del deporte vemos como , a deportistas surgidos de algunos pueblos remotos o casi desconocidos para el común de los habitantes, los reciben  en esos lugares con honores después de ganar algún trofeo o consideración  nacional o mundial por algún evento: los reciben en auto bombas de los bomberos haciendo sonar sirenas, recibiéndolo a la vera del camino, surcando calles, acompañándolos hasta el centro municipal, corazón de la ciudad, donde se lo homenajea como al Hijo querido, que ha triunfado en el mundo y que lleva en alto el orgullo de ser parte de esa pequeña o gran comunidad… emociones muchas, sentimientos fuertes, él o ella, son amados, y cada uno lo recuerda de niño, sus maestras, sus docentes, sus vecinos cada uno quiere mostrar la foto con aquel hijo ilustre de la ciudad…

Ayer escuchaba a un sacerdote de la villa 31 de Buenos Aires, relatar cómo muchos de la villa, tenían colgada en sus paredes, fotos de bautismos, comuniones o confirmaciones  realizadas a algún integrante de la familia, por Monseñor Bergoglio y que tuvieron  grandeza plena cuando ese monseñor se convirtió en nuestro Papa Francisco…

No resulto ser así con Jesús. No iba para ser homenajeado como el “hijo triunfador” de la comunidad, como el hijo famoso del cual todos hablaban. Iba,  como lo hacía en cada pueblo, a enseñar, a sanar, a aliviar dolores del alma, sin embargo, lo más que hicieron sus paisanos de la patria chica, es destratarlo, abajarlo tanto que no había fe en ellos, había chismerío barato, recelo, envidia, prejuicios. Y cuando no hay fe, por más que haya mucho milagro, nunca será suficiente para cambiar el corazón. Entonces ¿para qué perder el tiempo?.

algunas cosas tienen que ser creídas para ser vistas” decía un grafiti urbano. y es así. No se trata de “ver para creer”, sino de “creer para ver”.

Aquella gente no creyó, entonces no vio. Nos puede pasar de no creer, entonces nunca veremos el milagro, nunca entenderemos a Jesús, siempre juzgaremos su vida, su historia, su vida actual en los cristianos, siempre criticaremos a los buenos, a los que hacen cosas por el prójimo, a los que luchan por ideales, a los que luchan por los valores cristianos en la sociedad.
Dice que Jesús se fue de ahí habiendo ayudado a los pocos que se animaron a creer, y entonces vieron, sorprendido por la poca fe de algunos que antepusieron prejuicios, celos, envidias, todas pequeñeces de un corazón sin fe.


Que nunca nos falte la fe para que, creyendo, veamos y recibamos de Jesús todo aquello que Él quiere hacer en nuestra vida: darnos la felicidad para siempre.

San Juan María Vianney, el santo cura de Arz, nos ayude a vivir la fe de una manera sencilla pero adulta, llena de amor a la Eucaristía. Que, en su nombre, Dios bendiga a todos 
nuestros sacerdotes amigos, y a nuestros párrocos.



Buena jornada para todos, Dios bendiga nuestro día.

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