martes, 11 de julio de 2017

COMO OVEJAS SIN PASTOR Mateo 9,32-38.


En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado.
El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel".
Pero los fariseos decían: "El expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios".
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha." (Palabra del Señor)

Nos cuesta a veces meternos de lleno en cada momento del evangelio, porque, lo traemos a nuestra cultura, a nuestro tiempo y espacio. Como cuando dice que no se enciende una lámpara para ponerla debajo de una mesa:  a nosotros  no nos cuesta mucho encender una lámpara y que se ilumine nuestra habitación, y nos cuesta pensar en todo lo que significaba prender una  lámpara de aquel tiempo… o cuando nos habla del cántaro de agua de la mujer samaritana, con todo lo que significaba conseguir y conservar el agua, cuando a nosotros, no nos cuesta en general abrir una canilla y ver cómo surge el agua fresca…

Hoy el relato es la curación de un mudo. Las enfermedades eran muchas, no había seguridad social, ni prepagas, ni hospitales públicos o privados. Los males,  eran una manifestación de un mal mucho más amplio y más profundo que arruinaba  la salud de la gente: el abandono total y el estado deprimente que se veía obligada a vivir. Eran excluidos, abandonados a la buena de Dios. Además  de la explotación económica que robaba la mitad de los ingresos familiares, la religión, en vez de dar consuelo, de ayudar a encontrar la fuerza en Dios, enseñaba que las enfermedades eran un castigo de Dios por el pecado suyo o de otros… aumentaba el sentimiento de exclusión, condena…

Jesús, al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Dicen, los que  saben, que el  verbo griego del texto original -el que emplea  el evangelista– significa literalmente “se le conmovían sus entrañas”. Algo muy humano de mucha ternura de un Padre, hermano bueno, pero que ama con amor de mamá, porque Él , lo es todo, tiene la firmeza de un padre, pero la ternura de una madre, que sufre por y con cada uno de nosotros que hoy no la pasa bien.

En otro evangelio, por ejemplo san Marcos, Jesús se detiene a dialogar con aquellos que criticaban y decían que todo lo hacía por el poder el demonio … en San Mateo, que leemos hoy, nos queda que Jesús HACE LO QUE VINO A HACER, sanar curar, fortalecer, amparar, cuidar, evangelizar, incluir sacando de la exclusión a muchos, sin cansancio, sin desfallecer :Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Y sin importar lo que le dicen, ni la alabanza ni el insulto o el menoscabo a sus acciones.

 También en esto, nos cuesta pensar eso de recorrer todas las ciudades, cuando nosotros tomamos un colectivo, un automóvil, y nos vamos de un lugar a otro…allí no había y ¡lo que costaba llegar de un lugar a otro!... Jesús, puro corazón, sacudido hasta las entrañas, se desvivía por sanar, por consolar, sin importar distancias, ni frio ni calor. HACE LO QUE VINO A HACER.


Ese mismo Jesús hoy se conmueve por tantos mudos, por tantos adictos (a:no. Dicción: hablar, decir palabras) que viven en nuestra sociedad. Adictos no solo de vicios, adictos , mudos que no pueden expresar lo que sienten, que no saben orar, que se encierran en sí mismo por soledad, por depresión o porque simplemente, no encuentran quien les ponga un oído generoso para poder escucharlos… y nos llama y nos invita a pedir que vengan más obreros a la cosecha, pues la siembra y el cuidado lo hizo él, pero faltan manos y voces para recoger los frutos, antes de que todo caiga por propio peso y , al no ser recogido, se pierda sin cumplir su cometido.

Jesús, bueno y amigo, gracias por tu compasión, gracias por tus desvelos, gracias por cuidarnos, sanarnos, incluirnos. Hoy te vamos a ayudar aunque sea orando al dueño para que mande más obreros a cosechar.

Buena jornada para todos. Que Dios bendiga nuestro día.

Si quieres escuchar el audio:
https://soundcloud.com/sergio-valdez-853878468/11-de-julio-de-2017
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