jueves, 23 de noviembre de 2017

Lucas 19,41-44. VIO LA CIUDAD Y LLORÓ


Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,
diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios". (Palabra del Señor)

Jesús bajaba  a Jerusalén, la vio y lloró. Lágrimas de hombre y lágrimas de Dios. Aquella ciudad se estaba metiendo en maniobras e intrigas políticas, que acabó con ella en el año 70 DC. Si hubieran dejado de pelear entre ellos, y renunciaban a tantos conflictos ocasionados por egoísmos, y hubiesen aceptado el mensaje del Señor, mensaje de paz y humildad, otro hubiese sido el destino.  Es por un principio de acción y reacción. Lo que uno siembra eso, para bien o para mal, recoge. Siembra paz, humildad, sacrificio y esfuerzo, cosechará eso multiplicado. Si uno siembra discordia, cizaña, egoísmo, violencia, todo vuelve, y se recoge lo mismo o más…


Porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios, decía el Señor.

¡Cuántas veces dejamos de reconocer al Señor, que pasa al lado nuestro! En el pobre que llama a la puerta, que pide en la calle. En la angustia del hombre o mujer sin trabajo. En el que clama por un oído que escuche sus lamentos, por un abrazo que arregle media vida.  Ha venido tantas veces a nosotros “disfrazado” del otro,  hasta cuando estábamos mal y  puso la mano en nuestro hombro para consolarnos  disfrazado de amigo y hemos rechazado ese consuelo, despotricando contra él.


Cuantas veces nos ha llamado, desde un grupo, por un amigo, por una noticia, por un afiche colgado en cualquier lado, y no lo hemos reconocido.
Cuantas veces, lo hemos visto tirado, lastimado, medio muerto como aquel judío que bajaba  de Jerusalén y Jericó y fue asaltado por unos ladrones que lo dejaron medio muerto, y nosotros cual personajes de la época, lo vimos y seguimos de largo.


Cuántas veces hemos elegido la discordia, las luchas internas entre familias, la violencia, la insensatez en el trato con los demás…



Y nos alejamos…y a Jesús, Dios amigo, le da nostalgia por nosotros, y llora y silenciosamente nos ve partir como aquel joven rico del evangelio que se quedó en intenciones, pero aferrado a sus seguridades mundanas.




Roguemos al buen Dios que por nuestras actitudes, no nos alejemos de Él. Roguemos por nuestra Patria que a veces parece meterse en luchas de egoísmos y disputas, donde a “rio revuelto ganancia de pescadores” como dice el dicho, roguemos por nuestras familias, por nuestras amistades.

Hoy seguimos en nuestra patria, rogando por estas 44 familias que esperan el  milagro del regreso a casa  de sus hijos, esposos, esposa, padres.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Lucas 19,11-28. CIEN MONEDAS DE PLATA


Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.
El les dijo: "Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida.
Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: 'Háganlas producir hasta que yo vuelva'.
Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: 'No queremos que este sea nuestro rey'.
Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más'.
'Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades'.
Llegó el segundo y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más'.
A él también le dijo: 'Tú estarás al frente de cinco ciudades'.
Llegó el otro y le dijo: 'Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo.
Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado'.
El le respondió: 'Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigente, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré,
¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses'.
Y dijo a los que estaban allí: 'Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más'.
'¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!'.
Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.
En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia".
Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén. (Palabra del señor)


Dicen que un capataz  de obras, cerca de su jubilación, le dijo al dueño de la empresa que era hora ya de dejar el cargo de constructor principal de la empresa. El dueño, le dijo: mira te quedan ocho meses aquí. Te quiero mostrar un terreno. Lo llevó hasta un lugar muy hermoso con una buena vista de la ciudad. Y le dijo: quiero que construyas aquí la mejor de las casas que pudieras haber hecho.


El capataz, comenzó la construcción poniendo muy poco esmero. Usó materiales de segunda o tercera calidad, no puso los hierros que debía en las estructuras, las terminaciones no estaban bien hechas, no se veían bien. Todo lo interno, lo que hacía a la estructura de la casa, lo tapaba con un buen revestimiento, ¿total? No se veía. La terminó con pocas ganas, no puso mucho empeño, los tratamientos de techos no estaban bien hechos. Pensaba: cuando yo me vaya ya nadie me reclamará a mí.. Al usar materiales de baja calidad, se quedo con un dinero por el cambio… en fin. Muchas cosas malas en la construcción.


Al finalizar la misma, llamó al dueño de la empresa   para hacer una recorrida. La casa estaba bonita pero lo de adentro no. El dueño, le dio una sorpresa. A ese mismo acto, llamó a los familiares del capataz y en presencia de ellos, le dijo: mira Manuel, así se llamaba el capataz, esta casa  que construiste, es el regalo por todo lo que hiciste  durante estos años, por eso te dije que hicieras la más bella casa de todas las que construiste en esta empresa….



Esta parábola que leímos hoy, estaba destinada a quienes creían que el reino de los cielos llegaría inmediatamente. Y nos dice que la espera debe  ser activa y productiva. Mientras esperamos el final, nuestro final, podemos multiplicar lo que el señor nos ha dado. Los dones recibidos son para beneficio de los hermanos.
Y nos puede pasar que por no esperar activa y productivamente , hagamos todo “así nomas”, construyamos nuestra vida, “así nomas” total nadie se da cuenta.

Que no nos esforcemos por ser mejores, por multiplicar esos talentos que Dios nos dio, por usarlos mal, por mezquinar nuestra capacidad, como nuestro constructor del cuento.  Cuando al final nos llame para hacer la recorrida de nuestra obra o sea de nuestra vida ¿qué mostraremos?  Y nos puede decir: te di un buen terreno, los materiales mejores, te di dones, talentos, inteligencia, capacidad, y ¿Qué construiste?.  

Diremos: aquí tienes señor, esto que me diste , lo multiplique.

O diremos: aquí tienes señor, lo que me diste lo guardé, tuve miedo, nunca asumí el compromiso, nunca me jugué por nadie por temor a que me lastimen, o por pereza o por desidia. Construí una vida “así nomas”.

Ojalá que seamos activos y productivos. Que nos encuentre trabajando, multiplicando lo poco o mucho que nos dio, para nosotros, para nuestra familia, y para la comunidad. Después de nosotros, el mundo debería ser un poquito mejor. Ese diez que nos dieron, en dones talentos, debería ser el uno nuestro, nuestro punto de origen, de partida, para que al final de la vida, se conviertan en diez.



Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día.

martes, 21 de noviembre de 2017

Lucas 19,1-10. ZAQUEO



Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.
Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.
El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.
Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.
Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa".
Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador".
Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más".
Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham,
porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido". (palabra del Señor)



Maravillosa afirmación ésta del último. Vino a salvar lo que estaba perdido. Perdido, no es lo mismo que condenado. Perdido es lo que no está en su lugar y no se sabe dónde está. Cuando uno anda perdido, no está en el lugar que quisiera o debiera estar y, lo peor, no sabe dónde está.


Hoy el evangelio nos cuenta de un tal Zaqueo, de baja estatura. Un hombre rico, pero no por eso feliz. Tenía de todo, le faltaba todo. Se había hecho de una buena fortuna gracias a sus hermanos, a quienes les había “exprimido”  para sacarle impuestos, duros para la corona. Estaba en una región muy importante, uno de los mayores centros de impuestos.


Quería ver a Jesús. Sabía que se había reunido con pecadores, y publicanos, a quienes les había ganado con su misericordia y su elocuencia. ¿Habría algo para él? como saberlo si no se arriesgaba a la vergüenza, al ridículo, aunque ni le importó esto último. Escondido en un árbol alto, para que no lo vean sus paisanos, pero para ver a Jesús. Sola su alma, solo él mirando al Maestro. Solo, porque en ese mundo, amigos había muy pocos, solo ahí arriba, para que nadie se entere.


Pero no hay nada que hacerle…Jesús ve. Lo vio a Zaqueo, NOS VE A NOSOTROS.






A veces tenemos problemas, que nos impiden ver a Jesús. Y nos perdemos, y nos vamos del lugar de donde no debimos irnos nunca. A veces, lo que nos rodea, nos impide ver a Jesús: el mundo, el comercio, el consumo, las preocupaciones, las tareas que debo hacer a diario, algunos que se llaman amigos, ocasiones de aquí y de allá. Nos volvemos unos petisos espirituales.

Debemos buscar el árbol de la vida, el árbol que me de altura, que me permita ver. Quizás sea mi esposa, o mi esposo. Quizás mi amigo, mi grupo, la serenidad de una iglesia, las palabras de un sacerdote o de un pastor de almas. Quizás sea un retiro al que me invitan siempre, una convivencia, un encuentro. Quizás una escapada a la montaña, allí donde el silencio y la paz, me hablan de él y me traen su mensaje. Hay árboles, debe haber intención para subirse a ellos y ver el rostro de Jesús.

La reacción de Zaqueo es la felicidad y el compromiso. Tomo una gran decisión. No anduvo con vueltas. "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más". No todo queda en la conversión, hay que atreverse a un poco más, dar, darnos, comprometernos con los otros, jugarnos por los demás, llevar su carga…

Que cuando algo nos impida ver a Jesús, encontremos esos árboles de la vida donde poder subir y encontrarnos con Él, aunque para ello tengamos que vencernos a nosotros mismos, nuestra altanería, y orgullo. Encontrarse con Jesús no tiene comparación.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día

lunes, 20 de noviembre de 2017

Lucas 18,35-43. CURACIÓN DE UN CIEGO




Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna.
Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía.
Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret.
El ciego se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!".
Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!".
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó:
"¿Qué quieres que haga por ti?". "Señor, que yo vea otra vez".
Y Jesús le dijo: "Recupera la vista, tu fe te ha salvado".
En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios. (Palabra del Señor)


Jesús iba camino a Jerusalén. Mucha gente lo acompañaba y a la vez aprendía. Era la manera de la época: un rabino iba en camino y los discípulos escuchaban.


Pero también iban otros grupos, caminando a Jerusalén. Otros, que ya no podían o tenían alguna enfermedad, se quedaban a la vera del camino viendo pasar las caravanas, y otros, como el ciego Bartimeo, aprovechando la ocasión para pedir limosna. Triste historia la suya: ciego, impedido, era considerado como todos los que tenían algún problema físico, excluido de todo, incluyendo de un sistema que los condenaba a estar siempre fuera, y cuyo único sustento era la limosna, la caridad de los demás. Ni empleo, ni seguridad social, ni pensión. Tres, cuatro, infinito castigo para alguien…


Y aprovechó la ocasión. Escucho un  murmullo, luego escuchó mucho movimiento de  gente: ¿Qué es? Quién es? Es Jesús que pasa. … y aunque aún no veía, sentía esa necesidad urgente de “verse” cara a cara con el Maestro.
Y empezó a gritar, tanto que los que iban con Jesús no  escuchaban sus enseñanzas, y lo quisieron callar, pero él, más fuerte y más fuerte gritaba, casi un chillido, un grito desesperado… ¡cállate! Deja de llamarlo, no te escucha, no te atenderá nunca! Olvídate de Él, está ausente de tu vida, no le importas, o lo que es más doloroso, ¡cállate, que es para nosotros, no para ti!.


Sin embargo ese grito surgió efecto. Jesús que iba enseñando a una multitud, se detuvo y pidió que lo trajeran. Ni una multitud deseosa de escucharle, impidieron que quisiera sanar a UNO SOLO, a un ciego, a un pobre, a un amigo.

 
"¿Qué quieres que haga por ti?". "Señor, que yo vea otra vez".





 No le pidió, ganar la lotería, conseguir una casa, tener dinero, o un trabajo, conseguir amigos, esposa… le pidió VER. Viendo, lo demás lo conseguía él, pero no ver era su exclusión, su mal, su debilidad. Pidió salir de esa debilidad.


A veces somos o estamos como el ciego de nuestra cita del evangelio. Mientras todos van, nosotros estamos a la vera del camino, excluidos por nosotros mismos de “pertenecer” a ese grupo maravilloso de discípulos de Jesús.  Pero hay algo (ojalá que si) que nos hace reconocer la voz de Dios, el murmullo de Dios, el grito que nos da Dios diciendo: estoy aquí que paso por tu lado, lo dice la gente, lo dice el movimiento que genero, la tierra que levanto, la fuerza arrolladora del evangelio , de la gracia y por algo nos sentimos fuera.



Solo es cuestión de tener ese mismo sentimiento que Bartimeo, desear profundamente volver, y VER. La vida de gracia nos hace ver claro, vemos el bien del mal, los amigos de los que no lo son, los que nos quieren bien de los que no, donde hay gracia y donde hay pecado, lo que está bien y lo que no…cuando nos falta esa capacidad para darnos cuenta, quizás sea porque estamos un poco ciego, o que perdimos la vista, la astucia, nuestra vida de gracia hizo “la plancha” estamos ahí, un día bien otro no, la gracia se convierte en un traje que me pongo o saco según la ocasión, y dejamos de ver a Jesús vivo que en definitiva es la gracia en mi vida.


Entonces escuchamos gritos: no te escucha, Dios es sordo, Dios le da pan a los que no tienen dientes, deja Dios para los curas y monjas, etc tantos etcéteras como cada uno sabe.


Esta en nosotros, quedarnos ahí, sentados, lamentándonos, escuchando la voz de los agoreros  del “Dios no existe, no es para ti”, o nos lanzamos convencidos que es la oportunidad  de la vida, que Dios pasa, que no debo dejarlo ir sin antes encontrarme cara a cara con él y pedir VER. Pedir que saque de mi vida eso, mi pecado dominante, ese vicio que me tiene cautivo, ese problema principal a que debo apuntar para cambiar y ser feliz. También saber pedir eso que nos hace falta, parte de la necesidad urgente o no que tenemos para ser felices.


Según nuestra decisión, es el final de esta historia para cada uno. La del ciego, ya la sabemos.


Buena jornada para todos, Dios bendiga nuestro día.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Lucas 18,1-8. LA VIUDA INSISTENTE



Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
"En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres;
y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'".
Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto.
Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?". (Palabra del Señor)

Dos personajes en esta parábola:

El juez, insensible, duro, ¿justo? No los sabemos.  Y la viuda, cuyo mayor capital para poder reclamar justicia era la insistencia.

No compara Jesús, a Dios con ese juez insensible. Lo contrasta con esa persona
O sea: si se puede hacer que un juez injusto haga justicia con una viuda por cansancio, ¡cuánto más Dios, que ama profundamente, a sus hijos, dará a ellos lo que necesitan!

Justamente, lo que necesitamos, que puede coincidir o no , con lo que pedimos. Dios sabe lo que nos hace bien y lo que no, solo nos dice que pidamos con insistencia, y dejemos que Él, Dios, haga el resto. Rezando más, tendremos más fe y esa fe nos moverá a orar cada vez con más frecuencia y pasión, y nos llevará a descubrir si lo que pedimos, es lo que necesitamos, o en los ojos misericordiosos de Dios se vislumbra algo mejor, que ni nosotros soñamos. Solo hay que dejarlo hacer.

Cada vez que el evangelio me recuerda esto de la insistencia, me viene a mi memoria una reflexión que me ayudó a entender mucho de mi vida de oración:


Un hombre encontró el capullo de una mariposa. Un día, un pequeño orificio apareció. El se sentó y observó a la mariposa por varias horas mientras ésta luchaba con su cuerpo por salir a través del pequeño agujero; parecía no lograr ningún progreso a pesar del esfuerzo.

Ante tanto esfuerzo, el hombre decidió ayudar a la mariposa. Tomó una tijera y cortó lo que quedaba del capullo.

La mariposa emergió fácilmente, pero tenía el cuerpo hinchado y las alas pequeñas y temblorosas.


El hombre continuó observando a la mariposa porque esperaba que en cualquier momento las alas se agrandaran y extenderían, para poder sostener el cuerpo que luego se comprimiría.


Nada sucedió. En realidad la mariposa continuó girando con su cuerpo hinchado y alas temblorosas. Nunca pudo volar.

 Lo que el hombre en su bondad y ansiedad no entendió fue que el capullo resistente y la lucha de la mariposa para salir por el pequeño orificio era la forma en que Dios sacaba el líquido del cuerpo de la mariposa para humedecer las alas y estar listas para volar y poder salir del capullo.

A veces las luchas son exactamente lo que necesitamos  en nuestras vidas. Si Dios nos permitiera ir sin obstáculos a través de nuestras vidas, esto nos haría más débiles; no seríamos tan fuertes como podríamos ser.
Nunca podríamos volar.

·         le pedí fortaleza y Dios me dio dificultades para fortalecerme.
·         Le pedí sabiduría y Dios me dio problemas para resolver.
·         Le pedí prosperidad y Dios me dio cerebro  y empeño para trabajar
·         Le pedí coraje y Dios me dio peligros para superar.
·         Le pedí amor y Dios me dio gente problematizada para ayudar.
·         Le pedí favores y Dios me dio oportunidades.

No recibí nada de lo que quería.
Recibí todo lo que necesitaba


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día

viernes, 17 de noviembre de 2017

Lucas 17,26-37. CUANDO LLEGUE EL MOMENTO


Jesús dijo a sus discípulos:
"En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé.
La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos.
Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía.
Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos.
Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre.
En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás.
Acuérdense de la mujer de Lot.
El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará.
Les aseguro que en esa noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado;
de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada".
Entonces le preguntaron: «¿Dónde sucederá esto, Señor?»
Jesús les respondió: "Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres". (Palabra del Señor)

Una cosa sucede cuando se cumplen las condiciones necesarias. O quizás como dice el proverbio zen: “Cuando el Alumno Está Preparado, Aparece el Maestro”.


Nos pasa cuando nos preparamos, estudiamos, nos formamos, entonces la oportunidad aparece.  Cuando nos formamos para algún encuentro, cuando estudiamos la realidad, cuando aprovechamos al máximo el tiempo tratando de escudriñar cada sentimiento, entonces aparece aquel a quien pensamos. Cuando nos preparamos para la vida, aprendiendo el valor de cada cosa y persona, preparándonos en el sacrificio para lograr algo, en el esfuerzo como puente para conseguirlo, entonces aparece aquello, esa oportunidad, ese trabajo, esa persona con la que seré feliz.


Cuando , como cristianos, nos esforzamos, la luchamos a diario, vivimos con los pies en la tierra pero con la mirada en el cielo, asumimos esa cruz diaria del esfuerzo, del sacrificio, de la honradez, de ser luz, de ser paz, entonces  el día que llegue “ese” día de la entrega, estaremos ahí, al pie del cañón, tratando de mantener la lámpara encendida para poder su rostro contemplar.


Y esto es personal. Si, la comunidad, la vida en racimo tiene  su importancia.  Estamos unidos con los otros, estamos en tándem con el mundo. No puedo aspirar a salvarme solo y despreciar a los demás, ni afligirme de ellos, no hacerme cargo, no asumir su carga en la vida.


Pero, siempre debe haber una respuesta personal:

Les aseguro que en esa noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado;
de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada".

dice el evangelio. Es que estar cerca de una persona buena, no me hace por si, buena. Estar al lado de una persona que ame a Dios, no justifica mi vida.  Por más que le diga a una persona que rece por mí, si no hago nada por mí, quizás no alcance lo que quiero.  Como cuando los estudiantes te dicen: reza por mí…pero ¿estudiaste? Bueno, no mucho…


El llamado de Dios se hace como dice en Mateo 25: a ti te digo, ven bendito de mi padre, porque tuve hambre, tuve sed, estuve desnudo, estuve enfermo o en la cárcel, no sabía leer, no podía cruzar la calle, estaba con problemas económicos, estaba triste, estaba solo, no tenía quien me escuche y tu estuviste ahí. Solos él y nosotros, solo él y yo, y no podremos decir: ah pero mi hermano no hizo esto, ah pero estaba esperando que me inviten a trabajar… solo Él y yo, Él y vos…


Algún día llegará. Y no podemos vivir con miedo o con impaciencia. Debemos esperar  con paciencia y fidelidad, ese momento, alimentando de aceite espiritual nuestra lámpara para que nunca se acabe, renovándonos día a día, volviendo a empezar cuando fracasamos o caímos, y así como me caigo , así me levanto. Y en esto hay que hacer como cuando uno se cae en una peatonal, llena de gente que va y viene… en seguida nos levantamos, y no nos quedamos lamentándonos ni preguntándonos que nos hizo caer, lo primero que hacemos es levantarnos…y lo más rápido posible.


Buena jornada para todos. Que Dios bendiga nuestro día.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Lucas 17,20-25. EL REINO DE DIOS ENTRE NOSOTROS



Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente,
y no se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allí'. Porque el Reino de Dios está entre ustedes".
Jesús dijo después a sus discípulos: "Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.
Les dirán: 'Está aquí' o 'Está allí', pero no corran a buscarlo.
Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.
Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación." (Palabra del Señor)


El reino de los cielos es algo que obra en las personas, no en las cosas. Querían ellos y queremos nosotros ver señales, milagros extraordinarios, o nos preparamos ante las catástrofes… sin embargo, el reino de Dios se manifiesta en cada uno de nosotros, en la revolución que produce en nuestra vida, en los cambios que ocasiona en nosotros. Y también hay catástrofes diarias en la vida de las personas, terremotos, derrumbes, que no hacen ruido, de las que casi nadie se entera, pero que afectan tanto a la persona.

Todo pasa en nosotros. Y es a nosotros, a cada uno, el que llega el Señor. Para hacernos sonreír cuando hay cambio positivo, y para rescatarnos, llevarnos en sus brazos, cuando hay temblores que sacuden todo.


Es difícil pensar que un día, por un golpe extraordinario, toda la gente se convierta y mire al cielo. Debemos pensar en lo que cada uno produce en su metro cuadrado, allí donde nos manda Dios.


Pero antes, pensar en lo que la gracia de Dios produjo en la vida personal.

¡Cuántos errores hemos dejado atrás, cuántos amigos hemos encontrado, cuánta felicidad nos da la gracia, cuánto amor hemos descubierto, o mejor dicho qué amor hemos descubierto! .   La presencia de Dios en la vida, nos hace ver todo de manera distinta, podemos distinguir el bien del mal, la vida no pasa por dejarnos gobernar por la dictadura del relativismo, en que parece que todo está bien, que no hay mal o bien, que “da lo mismo un burro que un gran profesor” y donde “da lo mismo que seas cura colchonero rey de bastos
caradura o polizón “como dice el tango cambalache. La gracia nos hace diferenciar bien y poner las cosas, y personas en su lugar. La gracia nos hace diferenciar a Dios, de todos los otros que usamos de “cábala” de la suerte. La gracia nos hace crecer, nos hace fundamentar la familia en algo sólido, la gracia nos hace unir, nos hace construir sueños, cumplir nuestros proyectos, proyectar nuestra vida en forma mejor. La GRACIA NOS CAMBIA y esa revolución, silenciosa, que no aparece en medios de comunicación, transforma, ilusiona.
El ruido lo hacen los que caen, los que deforman, los que lastiman la comunidad. Se siente por supuesto, más el ruido de un árbol que cae y no el silencio de miles que crecen.  En esos miles que crecen estamos nosotros seguramente.

Y eso tiene poder transformador. Ya lo decía el Papa Pablo VI en ¡1975! en su  exhortación apostólica  Evangelii Nuntiandi:


Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: "He aquí que hago nuevas todas las cosas" Pero la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos. (E.N nº 19)

O sea que ese Reino, esperado, milagroso, va a cada oficina, a cada hogar, a cada familia, a cada equipo de futbol, a cada rincón del planeta por nosotros, por vos y por mí. No se trata de llevar una Biblia bajo el brazo y hablar en cada esquina, se trata de vivir ese evangelio, esa gracia que tenemos dentro, para que los demás se pregunten: ¿Qué le pasa a éste? ¿Qué le pasa a ésta? El brillo de sus ojos, la paz que lleva, el amor que tiene  lo hace distinto…¿Qué será?.



Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Lucas 17,11-19. AGRADECER


Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. 
Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia
y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!".
Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados.
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta
y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?".
Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado". (Palabra del Señor)


Cruzaba por  la unión de los dos pueblos. Ahí , en estas circunstancias, se encuentra con estos leprosos que convivían , o sea eran judíos y samaritanos. En la desgracia estaban unidos, en la necesidad, necesitaban del otro de su compañía y ayuda. Si todos los seres humanos nos uniríamos en la imperiosa necesidad que tenemos de Dios, el mundo, incluso el nuestro, pequeño, el de todos los días sería mejor. Incluso, en vez de potenciar diferencias, en vez de pelearnos entre nosotros o con los de otras religiones, cuánto más provechoso sería decir: nos unamos, por la paz, por el hambre, contra del maltrato, contra la trata de personas, contra los femicidios, contra el aborto…



Y el que volvió fue un samaritano, de esos de los que uno menos espera.

Los leprosos debían quedarse al menos a cincuenta metros, de ahí los gritos con que llamaban a Jesús. Él, los manda a los sacerdotes, ellos con fe, van y en el camino se curan… pero uno solo volvió a agradecer.  Ese se sanó también por dentro.


Es un canto a la ingratitud esta cita. Y nos hace pensar sobre nuestra actitud hacia los demás.


Cuando éramos pequeños, éramos los seres más indefensos. Los  humanos, somos los que más dependemos de nuestros padres. Si al bebé lo  dejan solo,   por más que llore y llore, si alguien no les acerca alimentos,  no la pasa bien. Alguien nos enseña a caminar, a rezar, a leer, alguien nos cuenta cuentos de bebés, nos levanta a las mañana, nos da remedios, nos lleva al médico, nos atiende de noche cuando algún dolor no nos deja dormir… tantas cosas que hicieron por nosotros nuestros padres. Ahora,  cuando parece que molestan, cuando uno crece y ellos envejecen, o cuando siendo jóvenes no dan buena “imagen” delante de los demás, nos cuesta pagar la cuota de gratitud, algunos los desprecian, se avergüenzan de ellos, los “matan” con la indiferencia, les exigen como si fuera un proveedor eterno, nunca le agradecen, nunca un “te quiero” o “te necesito” al papá o la mamá.  Para muchos, la mamá no deja de ser una empleada todo servicio, y el papá un desconocido al que viven diciendo no entender.

Nos cuesta agradecer a quienes nos ayudan. Parece que creemos que todos nos deben algo y con lo que hacen, pagan la deuda. No agradecemos a la maestra que nos enseñó a leer y escribir, al catequista que me enseñó de Dios, al amigo que deja alguna actividad para escucharme o ayudarme. No agradecemos al que barre las calles de mi barrio, al que llena de colores mi vida. Al médico que dio con el diagnostico preciso, al sacerdote que me sacó la mochila pesada que llevaba. A veces, a algunos, le pagamos, pero no es todo lo que falta. Lo importante es no olvidar, saber agradecer. LA GRATITUD ES LA MEMORIA DEL CORAZÓN.


Y muchas veces somos desagradecidos con Dios. Hemos pedido, implorado, suplicado y cuando pasó la situación no hemos vuelto a agradecer. Solo pensar que algunos hoy no se levantan ya, es motivo para mirar al cielo y decir gracias.
Siempre nos fijamos en lo que falta del vaso por llenar. Pocas veces lo que Dios nos ha dado ya. A lo mejor falta el trabajo, pero tenemos brazos, manos, inteligencia, voluntad, para procurarnos vivir mejor. A lo mejor faltan elementos para vivir, falta la casa, el automóvil, pero tenemos papá, mamá, esposa, esposo, hijos, por los cuales agradecer y ser feliz. Faltan muchas cosas, pero tenemos amigos, con los cuales compartir momentos, alegrías y compartir tristezas que así se hacen menos dolorosas. Tenemos ocupaciones difíciles, situaciones complicadas, pero tenemos un sol, el aire, tenemos montañas, y llanos, tenemos verde a la vuelta de nuestras miradas, tenemos una sorpresa cada día que nos regala el buen Dios y nosotros, estamos con la cabeza gacha sin contemplar sus maravillas.


¡Vaya si tenemos motivos para volver, y agradecer a buen Dios, al Tata Dios, al papito bueno que tanto nos cuida! Y recordemos siempre que LA GRATITU D ES LA MEMORIA DEL CORAZÓN.  Y cuando uno tiene memoria, guarda los afectos, y los reconoce a través el tiempo.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día

martes, 14 de noviembre de 2017

Lucas 17,7-10. CUMPLIR CON EL DEBER



El Señor dijo:
«Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: 'Ven pronto y siéntate a la mesa'?
¿No le dirá más bien: 'Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después'?
¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: 'Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber'.» (Palabra del Señor)



No es Dios quien está en deuda con nosotros. Nosotros, lo estamos con él. A tanto amor, deberíamos devolver tanto amor. Dios hace, porque es Dios es su estado natural, da porque es así, hace caer la lluvia sobre buenos y malos, es generoso, perdona a todos. A veces lo que llamamos castigo es producto de nuestras acciones a las que siempre le viene una reacción.



En la Palabra nos habla de uno que llega al final del día y sigue requiriendo los servicios del empleado que viene cansado de la tarea diaria. Parece un explotador. Sin embargo, cuando aquel ha hecho todo lo posible, ha hecho lo que estaba obligado a hacer.


Cuando nosotros hacemos lo que debemos hacer, es lo que debemos hacer.


A veces, se premia por hacer lo que se debe hacer. Premiamos cuando el hijo aprueba todas las materias…está bien como estímulo, pero ¿no es obligación del hijo estudiar y aprobar todo?... se premia al “empleado del mes”, está bien como motivación, pero ¿no deberían ser todos empleados del mes al mismo tiempo?... se premia al político más honesto, se habla de un tal tipo excelente y honrado… pero ¿no deberían ser todos así?... ¡ese cura es un santo!, pero ¿no deberían ser todos así?... se escucha decir, en este tiempo de final de año, de cierre de actividades, cuando se entregan premios, a periodistas productores, comediantes, obras de teatro:”¡gracias, trabajé todo el año para esto”! y levantan el premio como si fuera el objetivo final… ¿para esto trabajó todo el año? ¿Para el premio?  ¿No debería uno hacer bien  las cosas, porque hay que hacer bien las cosas, no es nuestra obligación ser mejores, ser honestos, ser buenas personas? ¿Por qué se premia a uno por ser bueno?.



De nuevo, el objetivo… cuando perdemos de vista el objetivo, PERDEMOS… cuando todo lo hacemos por ser alabados o por recibir, perdemos… nos quedará decir como el Hijo Mayor de la Parábola: hace cuanto tiempo te sirvo y nunca me has dado un cabrito para celebrar junto a mis amigos. Entonces escucharemos  la voz de Dios que nos dirá: ¿no entiendes que todo lo mío es tuyo? Goza, trabaja, ama, sirve, ayuda, vive, todo hazlo bien, pero no por el premio, porque todo hay que hacerlo bien. Y cuando todo eso haya pasado diremos: es nuestra obligación, con la vida, con Dios, con los otros, hacer bien  las cosas que tenemos que hacer.


Buena jornada para todos. Dios bendiga nuestro día

lunes, 13 de noviembre de 2017

ESCÁNDALOS Lucas 17,1-6.


Jesús dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', perdónalo".
Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".
El respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', ella les obedecería." (Palabra del Señor).


Es condenable la actitud de quien enseña a otros a pecar.  Sí, hay muchos escándalos, en el mundo. Pensar en un mundo sin escándalos es algo difícil que pase. Pero los que enseñan a otros a pecar, los que indican mal el camino voluntariamente, los que hacen tropezar a otros, bueno, tendrán que reconsiderar la vida.


Recuerdo haber ido una vez por una calle y llegar a una boca calle , doblar, y encontrarme con autos que venían de frente, aunque la flecha indicadora decía que yo podía doblar en ese sentido.  volví en reversa , y luego vi que la flecha había sido vandalizada, es decir alguien, por broma, por mala intención o vaya a saber qué, giró la misma… habían indicado en la dirección incorrecta.  ¿Vieron esos cruces de camino en las autopistas? Antes, en tiempo en que no existía el GPS, un cartel en mal estado, te llevaba a lugares a los que jamás quisiste ir… alguien indicó mal el camino, la dirección de la meta.


¿Cuántos hay que enseñan a caminar en dirección opuesta? Cuántos hay que desde niños les enseñan  malas artes , evadir responsabilidades, insultar o agraviar al otro, tratar mal a las mujeres, mentir, o lo inician en una actividad sexual? ¿Cuántos hay que con su palabra o sus acciones indican mal el camino, los hacen renegones, o quejosos de todo, lo hacen violentos o agresivos, intolerantes o impacientes?  Dar vuelta una flecha puede significar que una persona choque con la realidad, viva contramano a las responsabilidades…



Darnos cuenta o hacer que otros se de cuenta. Hablar, corregir

y…


Perdonar. Otra vez la cuestión del siete veces. Algunos decían que con tres veces ya estaba suficientemente cumplido el pacto del perdón… siete veces dice Jesús.


¡¡Uh, Señor,  nos cuesta perdonar una vez, y vos nos pedís siete veces!!


Será por eso que los apóstoles le ruegan : ¡auméntanos la fe!... es que hay cosas en la vida que se nos hace difícil hacer si no tenemos la fe. Perdonar es una de esas…nos dicen que perdonar hace bien, que libera, que suelta al agresor de mi cabeza, que nos saca odio y con eso enfermedades… pero si no contamos con la fe, hay situaciones que no podemos dejar atrás. Será cuestión de recurrir a esa fe aunque sea de un grano de mostaza, pequeña y que llega a tanto. Y pedir a Jesús que  ponga sus manos misericordiosas sobre cada uno de esos recuerdos y pensamientos, para que los sane, para que cicatrice heridas, para que lave  situaciones de dolor, para que pueda liberar al que me oprime, para que saque peso de mi vida para poder elevar mis alas y volar hacia lo que fui creado, hacia el cielo, hacia  lo alto, hacia lo grande.


Buena jornada para todos, Dios bendiga nuestro día.