lunes, 24 de abril de 2017

NICODEMO Y JESÚS Juan 3,1-8.



Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.
Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él".
Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. "
Nicodemo le preguntó: "¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?".
Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.
No te extrañes de que te haya dicho: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'.
El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu". (Palabra del Señor)

Era de noche…Nicodemo, un hombre bueno, tenía una fe que posiblemente pendía de un hilo, pero quería encontrarse con Jesús. Algo le decía que esa persona podía ser la respuesta a sus preguntas.
Era de noche, quizás por miedo, por el “qué dirán”, quizás por estrategia para no mostrarse decididamente como cristiano y eso perjudique su carrera, su trabajo y sea estigmatizado, quizás , porque de noche llegan miedos, dudas, porque no se ve con claridad, quizás porque de noche estaba su alma, quizás porque “noche”, era el momento por el que estaba pasando, sin encontrarle el sentido a la vida, agotado, triste, perdido, solo, abatido por alguien que se fue, derrotado en sus finanzas o emprendimientos, dolido por un aplazo , humillado por algo o alguien…
La cuestión que fue a Jesús y le dijo:
Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar…
Quería aprender, o sea escuchar, razonar,  saber, adquirir el conocimiento de algo espiritual y novedoso como lo que traía Jesús, pero por medio del estudio…
Jesús le habla de una nueva forma de “conocer”, de aprender: esto es renacer…
O sea ¿debo comenzar de nuevo? ¿Volver a meterme en el seno de mi madre y volver a nacer? ¿Es que me equivoqué en elegir lo elegido, de vivir lo vivido, de sentir lo vivido? ¿Es que me equivoque de los amigos que me dio la vida, de los colegios en que estudié? Dudas de Nicodemo, muchas veces iguales a las nuestras.
El camino es otro. Renacer, es volver a nacer pero en el agua y el espíritu. El agua que limpia lo que está sucio y el Espíritu que es el gran Espíritu que nos guía por las cosas del Señor.
Y esto es hacer todo nuevo, es nacer todo de nuevo. No basta con hacer las cosas a medias, no basta llamarme cristiano y hacer cosas tan mundanas como cualquiera. No basta llamarme cristiano, ir a misa o a celebraciones diversas y seguir siendo la misma  persona que odia, que busca venganza, que no perdona, que ve a los demás con ojos de lujuria. Nacer de nuevo, nos exige identidad, nos exige coherencia, nos exige hasta no cantar (cantar , a veces, es  comulgar con las letras de ellas), canciones que hablan de falta de respeto, de sexualidad manifiesta, de cosificación de la mujer o del amor…nacer de nuevo en el Espíritu, es dejarnos guiar por Él, vivir en santidad siendo personas normales, de jean y zapatillas, como dice el Papa, que estudian, trabajan ,sueñan, emprenden, viven en el mundo pero con los ojos puestos en el cielo.

Nacer de nuevo, será dejarnos atravesar por la gracia, esto es vivir todo en gracia de Dios, que será a la vez, luz para saber si por donde voy, con quien voy, o lo que hago, está de acuerdo al plan de Dios hacia mi vida que se llama Felicidad. Que podamos ver claro, que nos animemos a nacer de nuevo cada día, que desechemos aquello que nos saca paz, que no es de Dios, que no nos ayuda.
Buena jornada para todos. Que Dios bendiga nuestro día.




sábado, 22 de abril de 2017

ANUNCIEN LA BUENA NOTICIA Marcos 16,9-15.



Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios.
Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban.
Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado.
Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.
En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado.
Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación." (Palabra del Señor)


A propósito de la misericordia divina que este domingo celebramos recordé un cuento que se los comparto:


Un día vi un viejo lobo en la boca de una cueva excavada en la montaña. El pobre animal, apenas si podía moverse. Me pregunté entonces ¿Cómo haría el viejo lobo para sobrevivir si no podía salir a buscar alimento?". Y me quedé largo rato mirándolo. Pasado un rato, vi aparecer entre los matorrales a un león que traía un cabrito muerto entre sus fauces, depositarlo junto al lobo, y marcharse en silencio, tal como había llegado.

Entonces me admiré de la sabiduría de Dios, que había puesto a ese león en el camino del lobo herido para que día a día lo alimentase.

Y decidí yo también abandonarme a la misericordia de Dios. Me recosté entonces en la boca de una cueva, confiado en la providencia divina que no tardaría en acercarme alimento. Pero pasaron los días, y nada ocurría. ¡Paciencia!- me dije- ¡Que se haga, Señor tu voluntad!


Días después, ya casi desfallecía de hambre, cuando escuché la voz de Dios que me decía: "¡Insensato! ¿Qué haces ahí tirado esperando que alguien venga a alimentarte? ¡Tú eres un león, no un lobo viejo!"


El mandato de Jesús hoy es: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación."… entonces cada uno de nosotros somos esos leones que llevan la Palabra de Dios para compartir con todos en cada lugar donde le toque vivir.


Entonces me pregunto: ¿Cómo hago yo o que hago yo para anunciar la Buena Noticia? Pregunta que a la luz del evangelio diario sería bueno hacernos más seguido.

 Unos, lo harán llevando el evangelio cada mañana hacia quien pueda leerlo o escucharlo…otros, quedándose al lado de un enfermo , o bendiciendo a los padres, esposo, esposa o hijos… otros , será enseñando en la vida o un aula traspasando contenidos obligatorios para llegar con mensajes de esperanza…otros ,  haciendo la más exquisita de las comidas hechas con amor…otros lo harán siendo serviciales a pesar de que se use eso para el maltrato o el desprecio o se abusen de eso…


Pablo VI decía en su encíclica Evangelii Nuntiandi: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros o si escucha a los maestros es porque son testigos”

Y nuestro Papa nos recordaba una frase atribuida a Francisco de Asís que dice:

Predica el Evangelio en todo momento y si es necesario usa las palabras…

¿Cómo o a través de qué,  llevamos la Buena Nueva a los que nos rodean?...somos leones elegidos para llevar el alimento de la Palabra de Dios a quienes nos rodean y, como el caso de nuestro lobo, están desfalleciendo de hambre de Dios, porque no aparecen aquellos que les lleven la buena nueva.


Buena jornada para todos. Que Dios bendiga nuestro día.



viernes, 21 de abril de 2017

TIREN LA RED A LA DERECHA...Juan 21,1-14.



Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".
El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar".
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. (Palabra del Señor)


Pedro, aún sentido por lo que había pasado en esa noche de negación, vuelve al “ruedo”, vuelve a tu tarea de siempre.  Fue atravesado por Jesús, por su vida, por su gracia, por su forma de ver la realidad. Ya nada sería igual. Es como cuando volvemos a nuestras actividades después de momentos intensos de oración o espiritualidad, o después quizás de esta pascua que pasó, donde algo nos conmovió  y nos hizo pensar y cambiar…el lunes había que volver, pero ya con otra forma de ver la vida y la realidad…


Pero en esa tarea no obtuvo lo que quería…esa noche no pescaron nada…la pesca siempre ayuda a pensar, a desconectarse de problemas, y pensar.

¿Qué habrán pensado aquellos hombres en la espesura de la noche? Ahora llegaban “derrotados” pues no consiguieron nada.


Pero como siempre, como ahora también con nosotros, como cuando éramos chicos y veíamos esas películas de cowboy en que “la caballería llegada justo a tiempo” , aquí también Jesús llega justo a tiempo. Justo cuando se vuelven sin nada, justo después de pensar, justo para hacer triunfar el esfuerzo, justo para mostrar el camino, justo para indicar por dónde ir. Justo en la vida cuando parece que después de una noche oscura, desolada y triste necesitamos la Palabra, el mimo de Dios, necesitamos su compañía, su protección, necesitamos sentirnos amados. Justo cuando, después de pensar en soluciones para dudas, o incertidumbres, nos viene la solución sin estar pensando en ella…es el “tiren a la derecha”…


Ellos tuvieron paciencia toda la noche  y después obedecieron y les fue bien.

Si pudiéramos estar más atentos a la voz de Jesús que nos dice “donde tirar las redes”, quizás nos equivocaríamos menos en las decisiones que tomamos, en todos los ámbitos: laboral,  familiar, o de apostolado…


Y después llega “el cafecito” preparado por Jesús, llega el mimo, llega el sabernos amados por Dios, la certeza de que siempre está. A aquellos les preparó un pescado y les dio a comer… hoy, después de larga jornada, Jesús siempre nos espera con un mensaje final…


-      ¿Qué oras de noche? Preguntó el sacerdote
-      Nada padre, llego muy cansado….respondió el muchacho.
-      Deberías orar….Jesús tiene un mensaje final para la noche después de haber luchado, construido, y bregado tanto…es la mejor forma de cerrar tus actividades.
-      Gracias padre, así lo haré


Buena jornada para todos. Que Dios bendiga nuestro día

jueves, 20 de abril de 2017

"USTEDES SON TESTIGOS DE ESTO" Lucas 24,35-48.



Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".
Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,
pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?
Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo".
Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.
Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo para comer?".
Ellos le presentaron un trozo de pescado asado;
él lo tomó y lo comió delante de todos.
Después les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos".
Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras,
y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.
Ustedes son testigos de todo esto." (Palabra del Señor)


Compartían entre ellos, lo vivido. Unos decían  que se le apareció a tal, otros, como los de Emaús, contaron lo vivido camino y en casa ya cuando Jesús abrió sus ojos en la fracción del pan.


Y aparece Jesús, y les dice que no teman, que no están viendo un fantasma ni un espíritu solo. Lo están viendo resucitado en cuerpo y alma. Es Él, no quedan dudas…no se trata de imaginación o fantasía: es Jesús.


¡La paz esté con ustedes! Les dice.
 Imagino el corazón turbado de varios o casi todos.
Es que días antes, cuando estaba todo mal, lo abandonaron, lo dejaron solo, no fueron buenos testimonios suyos.
Les había ganado el miedo,  la vergüenza de ser de Cristo…y ahora Él se les aparecía. Como un gesto de profunda confianza hacia ellos, a quienes había elegido después de haber rezado sus nombres…

La vergüenza de pensar: yo a esta persona la deje sola cuando más necesitaba que estuviera a su lado y ahora, me busca de nuevo, y es más , me hace entender todo, (Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras) , vuelve a confiar en mí como si nada hubiese pasado, y perdona hasta los raptos de incredulidad, de falta de fe, ante lo cual me dice: toca mis llagas en mis manos y pies…

Y como será la confianza restablecida  que  dice nuevamente Ustedes son testigos de todo esto."¡¡Pero si te fallamos Jesús!! ¿Por qué nos pides que seamos testigos nuevamente?  Nos devuelve la confianza, sabe que podemos y que desde ese momento en adelante, seremos nosotros, los cristianos, que seremos testimonio suyo para el perdón y la conversión, testigos del Evangelio, de la buena nueva, testigos del amor verdadero…


La confianza suya supera infinitamente nuestra  fidelidad y aun así sigue  adelante con ese plan.


Entonces es bueno preguntarse si siendo los testigos que somos, ayudamos a que nuestro mundo pequeño, cambie o mejore…
Duele ver las situaciones en el mundo, duele ver como en cada región siguen surgiendo tantos males que hacen pensar en batallas perdidas. Duele ver , por ejemplo, como un grupo de seres  humanos golpea y mata a otro en un estadio de futbol, o como la droga y el alcohol, la pornografía se expanden de tal manera que se aumentan violaciones, femicidios, cosificación del amor y de la mujer y el varón…


 ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué estamos dejando de hacer? Es como si dejamos por un tiempo, de tocar las llagas de una humanidad herida que necesita de nosotros… ¿estamos llevando la paz que decimos tener en el corazón a quienes nos rodean? ¿Estamos contribuyendo con nuestra conducta, con nuestras palabras a crear puentes en vez de grietas, dialogo en vez de autoritarismo, serenidad en vez de disturbios, paz en vez de guerras?.


Jesús confía en nosotros, para que podamos ser testigos de su resurrección. De todos y cada uno de nosotros, donde estemos, con quien estemos, en lo que hagamos…


Buena jornada para todos. Que Dios bendiga nuestro día.

miércoles, 19 de abril de 2017

LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS Lucas 24,13-35.



Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!".
"¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,
y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".
Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?"
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adónde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?".
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!".
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. (Palabra del Señor)

Era ese domingo en que las mujeres, que habían ido al sepulcro, lo habían encontrado vacío. Ese primer día de la semana. Iban ellos dos camino a Emaús. Eran dos, quizás dos varones, quizás esposo y esposa, dos discípulos que no encontraban respuesta ante la muerte en cruz. Estaban desolados.

Se habían hecho una imagen de un Mesías victorioso, y la muerte en cruz, la muerte más cruel y vergonzosa de la época, les tiró abajo la imagen de un Mesías glorioso…murió como uno más, rodeado de dos delincuentes…


Jesús se le pone al lado. Algo les impedía verlo. Algo les impedía que acepten el mensaje de las mujeres que fueron al sepulcro y lo encontraron vacío…algo les impedía ver a Jesús que caminaba con ellos

Jesús se nos acerca muchas veces en la vida bajo distintas apariencias: una enfermedad, un fracaso, un éxito, un percance, un enfermo, un pobre, un niño que reclama nuestra atención. Un anciano olvidado…hay tantos cristos alrededor nuestro que se acercan y  algo en nuestros ojos que no pueden verlo.


El gran pedagogo Jesús comienza la terapia de recuperar la fe de aquellos dos: "¿Qué comentaban por el camino?"…lo que nos dice también hoy a nosotros…¿Qué asuntos te inquietan? Los problemas, las ocupaciones, la falta de fe, la falta de confianza en la providencia… es como que nos dice: cuéntame lo que te pasa, ponle nombre a los problemas, saca la frustración que estas guardando…hablar es comenzar a sanar.


Luego sigue con “escuchar”. Ya hablamos, ya le dijimos a Jesús lo que traemos en la cabeza, lo que comentábamos por el camino como los discípulos de Emaús…ahora le toca a Él hablar, encender el corazón, arder en esperanza, fe, gracia. Alegrarnos por que Dios nos habla personalmente…pero para eso debemos estar atentos.
Entonces nosotros también tendremos esa necesidad que tuvieron aquellos dos, que por ser caritativos con el viajero, lo invitaron a quedarse
"Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". Había noche, silencio, la luna ya no era tan llena, junto a la desazón y el miedo porque de alguna manera ellos eran prófugos discípulos de aquel que mataron…


Quédate con nosotros Señor porque es tarde y se hace de noche, en esos momentos de angustia, de pérdida, de dolor… quedate porque la noche es larga y sentimos miedo. A veces nos sentimos como prófugos de un mundo que nos persigue por el solo hecho de ser cristianos y llevar en alto ideales y valores de vida y de verdad.

Y todo sucedió como leímos. En la fracción del pan se abrieron los ojos, entendieron todo. Es otra etapa de la terapia de recuperar la fe. Ojalá todo pudiéramos acercarnos a ese misterio de amor llamado Eucaristía, en que Él, se quedó.


Hay muchos que son escépticos a esto, pero solo una pregunta basta: ¿puede ser que una cosa, tan pequeña e insignificante, una creencia una fe, dure tantos siglos? ¿Será que es verdad? ¿Por qué los que quieren destruir, buscan Hostias consagradas para hacer daño?... quizás también a muchos Jesús se le pone al lado, como a los de Emaús y no lo reconocen porque no quieren …


Y la última etapa, llega con la misión… ¿Qué noche? ¿Qué miedo? Fueron en ese mismo instante a recorrer los diez kilómetros que lo separaban de los otros apóstoles que , reunidos, comenzaban a remover la esperanza en ese amigo eterno que jamás los abandonaría.


Que podamos ver a Jesús en cada uno que pase al lado. Que podamos contarle a Jesús nuestras cosas , que sepamos escuchar y abrir los ojos ante tanta evidencia y que nos convirtamos también nosotros en misioneros de su resurrección, llevando esperanza y alegría ahí donde falte.



Buena jornada para todos.

martes, 18 de abril de 2017

MUJER ¿ POR QUÉ LLORAS? Juan 20,11-18.


María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".
Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".
Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras. (Palabra del Señor)


Mujer, ¿por qué lloras?. Ella maría Magdalena, fue una de las pocas personas que tuvieron el valor de quedarse con Jesús, hasta la hora de su muerte en la cruz, y ahora llora a su amigo muerto.
 Se queda afuera del sepulcro, llorando.
Ha perdido el sentido de su vida. Se fue el que cambió su vida por completo, su fuerza, su apoyo, su motivación para seguir.
Parece que todo en la vida se desmorona, para ella y para nosotros, cuando hay muerte, desastres naturales o producidos por el hombre, decepciones, enfermedades, traiciones, adicciones en seres queridos, fracasos económicos…y lloramos.


Parecía que aquella separación era definitiva. Ya no estaba el sostén de su vida. Se habían removido todos los estantes de esa estantería de seguridades que ella tenía. A veces la vida parece golpearnos así. Se mueve toda la estantería y caen una a una nuestras seguridades, y quedamos con todo vacío, el alma vacía, y parece que nada más tiene sentido.


¿Por qué lloras? Él sabía porque lloraba. Sabía que era por Él, por el dolor ocasionado en el alma de María y de todos, por la separación. Quería que ella se le dijera: lloro por esto y por esto y esto…


Lloro Señor por este dolor en mi vida, por esta pérdida, por esta traición, por esta enfermedad, por esta situación…lloro por las guerras, por los niños sirios, por la locura de algunos en manos de quien estamos en la humanidad…lloro porque no podemos entendernos, porque no sabemos dialogar, porque cada uno busca su propio interés…lloro por el amor que se fue, por el accidente de tal…lloro porque no llego a fin de mes con lo que gano, lloro porque no logro aprobar una materia, porque no puedo terminar mi carrera….


 Jesús pronunció su nombre: ¡María! Y ella lo reconoció. Podría haber sido cualquiera, pero ella supo que quien pronunció su nombre , era su maestro. Ya no estaba en una tumba fría y desolada, estaba ahí, resucitado, vivo para siempre, entonces recobró la alegría, la paz, la confianza, recobró las ganas de vivir y anunciar, recobró el ansia misionera y fue apóstol de los apóstoles.

Son esos momentos en que parece todo perdido, que si buscamos como ella, vamos a escuchar nuestro nombre pronunciado por Dios mismo que nos dice: aquí estoy, no pasa nada, vamos tranquilo, hay mucho por hacer, estoy contigo para siempre, no dudes, ten confianza, y sentiremos la mano de Jesús que se tiende generosa y que nos pide la tomemos para, levantarnos primero y caminar juntos después…

Mujer, ¿por qué lloras?... muchacho, ¿por qué lloras?, papá, mamá ¿por qué lloras?

Buena jornada para todos. Jesús también pronuncia nuestro nombre y nos dice: ¡aquí estoy!

lunes, 17 de abril de 2017

LLENAS DE ALEGRÍA Mateo 28,8-15.


Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".
Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.
Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'.
Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo".
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy. (Palabra del Señor)


Atemorizadas pero llenas de alegría…se alejaron de ahí, del lugar de la muerte, de los sepulcros, ¡rápidamente! Es que ya no era ese lugar , el centro donde debían poner sus pensamientos, no era ese el lugar donde pensarían muerto, vendado, el cuerpo de Jesús…no tenía sentido quedarse ni un minuto más ahí. Y fueron atemorizadas, pero llenas de alegría a decir a los demás, la buena noticia…

Llegó la Pascua. ¿Hay cambio en nuestra vida? ¿Resucitó Jesús? Se manifiesta en la alegría, en la esperanza, en la renovación por hacer cosas nuevas, interesantes, beneficiosas para uno y los demás. Se manifiesta por alejarse rápidamente de los lugares donde vive la muerte, el desconsuelo, la desesperanza, lugares donde la vida parece no tener cabida.

Imaginaba el viernes santo, la desazón de todos aquellos que participaban de ese momento de bajar el cuerpo de Jesús, lacerado, roto, envolverlo en una túnica y meterlo en una cueva nueva y poner una piedra encima…habrán pensado ¿ y ahora?, se acabó todo, murió nuestro líder, nos dejó solos, no se defendió y salió derrotado… y lo dejaron en ese lugar de muertos…
Pero no… tenía pensada la jugada final, ésta que  fijaba para siempre la vida, que lo dejaba siempre vivo, no ya solo al lado de ellos que vivieron con él,  sino de todos nosotros, porque hoy vive al lado tuyo y mío, vive y va con cada uno a su trabajo, a su noviazgo, a su matrimonio, a su profesión, a su consagración, a su familia…

Y esa vida , nos llena de esperanza, de pasión, de alegría y nos obliga a correr y anunciarlo, llevarlo con nosotros, mostrarlo con una sonrisa, con un gesto de buenos días, con acciones donde demostremos que realmente nos sentimos alegres por su resurrección, que nos da esperanza en la lucha diaria, que todo es posible porque estamos con Él a nuestro lado, que estamos llenos de alegría  y que VIVE, que seguimos a una persona viva, que no somos meros cumplidores de un rito religioso sino que vamos detrás suyo, detrás de Jesús que hoy vive como ayer, al lado nuestro, en nuestras aulas, en nuestros colegios, en nuestra alma, en casa, en el deporte, donde voy…

Ellas que iban atemorizadas pero llenas de alegría, recibieron la aparición de Jesús que les decía: alégrense y NO TEMAN…desde ahora estaré junto a ustedes hasta el fin de los tiempos…


Que la resurrección de Jesús llegue desde el alma al corazón, y de ahí a nuestro rostro para que podamos testimoniarlo entre los que nos rodean.
¡Ha resucitado!

Buena jornada para todos…

sábado, 15 de abril de 2017

SÁBADO SANTO...ESPERANDO


EN LA NOCHE: VIGILIA PASCUAL


Mateo 28,1-10.
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro.
De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.
Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.
Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.
El Angel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba,
y vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'. Esto es lo que tenía que decirles".
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán". (Palabra del Señor)



Hoy es un día para reflexionar en el misterio de la tumba del Señor. La lectura de más arriba es que la que leeremos la noche del sábado, esperando la madrugada de resurrección. Murió un viernes, y al tercer día (o sea mañana domingo) resucitó. En la mañana muy temprano cuando fueron a perfumar el cuerpo yacente de Jesús, se dieron con la novedad: la piedra que tapaba la tumba estaba corrida y el cuerpo del Señor ya no estaba.


Nos quedaremos todos esperando ese momento, la noche victoriosa que acabó con nuestros males espirituales y que nos da fuerza para encarar nuestros males humanos, físicos y materiales. Hay una protagonista de lujo en todo lo acontecido. Nos acompaña y acompañó desde siempre, a nosotros,   a los que vinieron antes y los que vendrán después.


Es la luna llena, este año entró el martes 11. Hoy ya la vemos solo el 87% hasta “taparse” por completa con la tierra el 26 de abril que será luna nueva.

Maravillosa, impresionante,  no es más que un satélite sin luz propia, cuya luz procede del sol, que ilumina de pleno su cara  visible y nos da ese maravilloso faro que brilla sobre nuestras cabezas.


Quizás viendo ese reflejo del sol en ella, el hombre inventó la maravilla de  los satélites artificiales, esos que lanzados al espacio nos permiten comunicarnos por un modo de espejo: la señal sale, choca con el satélite y va a los lugares más recónditos del planeta, al instante.


Esa maravillosa luna, es la misma luna que acompañó al pueblo judío en aquella noche que decidieron salir de Egipto guiados por Moisés. Porque si bien eso ocurrió hace más de 3200 años, la luna sigue siendo la misma y es la misma fase lunar porque celebramos Pascua la primera luna llena después de que comienza otoño en nuestras latitudes o primavera en el hemisferio norte.
Quizá la atmosfera era mucho más diáfana que hoy, porque no había contaminación de fábricas, motores, no había smog, por lo que aquella luna fue un faro perfecto… mejor dicho, esta luna, fue un faro perfecto para aquel pueblo. Solo basta con ir a pueblos del interior donde no hay “tanta ciudad” para disfrutar de una hermosa noche de luna llena que te permite ver la cara del que está a tu lado.


Es la misma luna que iluminó a Jesús aquellos días en que Él se aprestaba a celebrar la Pascua con sus amigos. Es la misma luna que iluminó el huerto de los Olivos cuando fue a rezar. Es la misma luna que, ayudada por antorchas, iluminó a los que lo traicionaron. La  que alumbró esas noches que pasó el Señor esperando en vela que algún  funcionario decida su suerte, amarrado sus pies y sus manos, ante la burla de los que lo esposaron.
La misma luna que estuvo el jueves antes de que muera, iluminando sus últimos minutos. La  que no pudo ver el viernes, el día en que murió, y que en realidad no vieron ninguno, porque como dice la Palabra, una gran oscuridad cubrió la tierra.


Y así  como los satélites, nos sirven para comunicarnos entre los hombres al instante, por un momento pensemos que esa luna podría ser un satélite del tiempo, y que viendo a ella, nos mostrará  con mayor exactitud aquellos momentos grandiosos de nuestra vida primitiva: el paso por el mar, y los últimos momentos de Jesús con nosotros.


Ojalá que todos pudiéramos hacer volar nuestra imaginación y darnos cuenta que la luna que hoy tenemos encima nuestro, es la mismísima luna que alumbro a Jesús, que alumbró a María, que alumbró las travesías de Juan el Bautista, que alumbró a los judíos hace tanto tiempo. No hay otra luna, es la misma.


Que este día, si el tiempo nos permite,  podamos contemplar esa luna bendita que nos hablará de esos momentos difíciles ,crueles por los que pasó Jesús, pero también nos dirá como fue la noche del Sábado y la madrugada del domingo, cuando ella se estaba escondiendo y vio salir triunfante a Jesús del hueco de la tierra, glorioso, blanquísimo, radiante.



Buena jornada para todos. ¡¡Y Felices Pascuas de Resurrección!!

viernes, 14 de abril de 2017

VIERNES SANTO ... NADIE NOS AMA COMO ÉL



PASIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR
Llegaron hasta el punto cumbre. Por momento habrá mirado la ciudad, desde ahí, con mucho dolor. Ya no la volvería a ver, así, como estaba.
Lo tiraron sobre el piso con el madero horizontal.

Los clavos no se introducían en las palmas de las manos porque éstas no habrían soportado el peso del cuerpo. Se colocaba el clavo en el pulso donde un conglomerado de huesos permitía sostener un peso grande.
Cuando las muñecas de Jesús quedaron sujetas al palo horizontal, lo alzaron y ensamblaron sobre la estaca vertical. Una vez así colgado, le clavaron los pies. La operación era tan sencilla que bastaba un solo golpe de martillo. Pero el dolor que provocaba era terrible.

Así, el tiempo que duraba la vida de un crucificado dependía de cuánto resistía en esta tarea de levantarse para respirar y volverse a abatir.
Para respirar, debía apoyarse sobre los pies clavados, elevarse, y respirar, pues sus pulmones, a esta altura, estaban llenos de sangre. Estaba ahogado. Cuando querían acelerar la muerte del reo, le quebraban las piernas, así ya no podían elevarse para respirar.  A Jesús no hizo falta.

Era alrededor del mediodía cuando lo izaron, eran las tres de la tarde que aquel viernes cuando murió. Por eso todos los viernes de nuestra vida, a las tres de la tarde,  en el lugar donde nos encontremos, con las diferencias horarias que hubiere, siempre será para nosotros, la hora de la mayor ofrenda de Amor de la historia, la hora de la misericordia, la hora del perdón, la hora del Amor.


Hasta el final, hasta, como vemos, la última gota  de sangre.

la cruz  nos interpela.

Interpela  en eso que Él nos da y que nosotros muchas veces despreciamos, ¡ha muerto por vos y por mí! ¿Por qué permanecer indiferentes?


Pueblo mío que te he hecho, en que te he entristecido, respóndeme...

yo te di la vida y la cuido día a día, tú me diste la muerte, las guerras, los asesinatos, los abortos, el desprecio por la salud de los demás

yo te di mi vida, tú me entregas el resto de los minutos que te dejan las preocupaciones.

yo te di mi amor, tú me entregas la indiferencia, tu olvido, tu desprecio.


Nos interpela en nuestra capacidad de amar, nos interpela en nuestra entrega, nos interpela en nuestra forma de amar. Si  ¡amar hasta que duela! nos cuesta y mucho, lo vemos a Él amando hasta morir por el amado, entregando todo lo suyo, todo, absolutamente todo, sin quedarse con nada, despojado de honor, de fama, humillado, desnudo, frente a su madre, frente a la burla de todos, con todo su cuerpo lacerado, con sangre cayendo hasta la última gota, desangrado, ahogado, sin fuerzas.

Nos interpela en nuestra capacidad de agradecer por esto que hizo por nosotros. Posiblemente para muchos, hoy sea un feriado más, un día de ocio. Para nosotros es el día del amor, porque no hay mayor AMOR que éste.
¿porqué aguantó esto?  Si es Dios y con solo un llamado, los angeles del cielo lo asistirían.
¿con qué necesidad?
 Preguntas que como canción se responen:

Cuánto he esperado este momento,
Cuánto he esperado que estuvieras aquí,
Cuánto he esperado que me hablaras,
Cuánto he esperado que vinieras a Mí.

Yo sé bien lo que has vivido,
Yo sé bien lo que has llorado,
Yo sé bien lo que has sufrido,
Pues de tu lado no me he ido.

Pues nadie te ama como Yo,
Mira la Cruz, esta es mi más grande prueba,
Nadie te ama como Yo.
Pues nadie te ama como Yo,
Mira la Cruz, fue por ti, fue porque te amo,
nadie te ama como Yo.

Yo sé bien lo que me diste,
aunque a veces no me hables,
Yo sé bien lo que en ti sientes,
aunque nunca lo compartas.

Yo a tu lado he caminado,
de tu lado no me he ido,
algunas veces te he cargado,
Yo he sido tu mejor amigo.(Gracias Martín Valverde, oramos por tu salud)

Entonces la cruz es la respuesta. La respuesta al esfuerzo, al sacrificio, a la vida consagrada. La respuesta al dolor, a la enfermedad, a tantos porques que tenemos en la vida.

Mirando esa cruz, descubriremos muchos personajes  a un lado y otro de Jesús, desde que comenzó este camino de Pasión.



Hoy, me dice, y te dice a ti: hay un lugar vacío atrás.
Algunos, quizás los jóvenes, guerreros y héroes de la vida, le digan con fuerza: ¡quiero subir ahí! Necesito ayudarte a salvar mi historia y la historia de quienes me rodean, mis compañeros, amigos, familia, mi proyecto de vida! ¡Quiero salvar el mundo!


Otros, a medida que pase el tiempo, le diremos: déjanos subir Señor, necesito salvar a mis hijos, a mis padres a mis compañeros de oficina o trabajo…quizás ya no sea el mundo, quizás sea un metro cuadrado.


Pero todos y cada uno estamos llamados a subirnos para ayudarlo a Jesús a redimir a los que viven alrededor nuestro. Redimir es traer paz, armonía, tranquilidad, es desterrar la violencia, es hacer hogares nuevos, jóvenes nuevos, familias nuevas, es desterrar los vicios las drogas, el alcohol que mata, redimir es hablar de Dios que es lo mismo decir, hablar de AMOR.

Buen jornada para todos…


jueves, 13 de abril de 2017

JUEVES SANTO Juan 13,1-15.



Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?".
Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás".
"No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".
"Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!".
Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos".
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios".
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes." (Palabra del Señor)


Estamos en la última cena de Jesús entre los suyos. La última que compartió con sus discípulos.
Es un ambiente tenso. Por Judas, por la noche, por las palabras de Jesús que ellos aún no entendían bien, por las palabras de Jesús hacia Judas, por la desazón, por el temor.


El lavado de los pies era un gesto que expresaba hospitalidad y bienvenida con los huéspedes. De ordinario era hecho por un esclavo con los huéspedes o por una mujer o hijas a su padre. Además era costumbre que el rito del lavado de pies fuese siempre antes de sentarse a la mesa y no durante la comida, como lo hace Jesús.


Y ahí está Él: Dios, soberano, rey, puesto a los pies de los suyos, de sus creaturas, de sus discípulos, limpiando sus pies llenos de polvo y de vida.

Pregunta: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?

Y termina:
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."



El ejemplo comienza con el “levantarse de la mesa”. Para nosotros los cristianos será no quedarnos en lo hermoso de una celebración eucarística, en la intensidad de la misma, en la comunión apasionada con Jesús,  en la oración más intensa, sino será salir del templo y comenzar a vivir la eucaristía entre los que nos rodean. Muchos, lo llevamos a Jesús vivo en nosotros porque lo recibimos, pero no podemos enfrascarlo en nosotros, debemos darlo, debemos transmitirlo, debemos comunicarlo, a través de nuestra vida, de nuestros gestos, de nuestras pequeñas o grandes actitudes. No puede ser que después de nuestras celebraciones sigamos siendo lo mismo que al entrar. El Señor nos debe transformar. Si así no pasa, algo no estamos haciendo bien. O solo estamos a la mesa y no nos levantamos como hizo el Señor, estamos tranquilos en nuestro lugar, nada nos saca esa rutina espiritual de hacer siempre lo mismo, rezar lo mismo, amar al Dios que no vemos, sin importarnos el hermano que si vemos.

El ejemplo sigue con “se sacó el manto”… si Él, que es Dios, se despoja de toda pompa para ponerse a los pies de los suyos, cuánto más debemos hacer nosotros. Y ¡de cuantos honores debemos despojarnos! ¡de cuanta comodidad!.  Y no se trata de hacer actos, se trata de tener actitudes que se prolongan en el tiempo y que se convierten en algo natural. ¿Ayudar en casa? ¿Limpiar? ¿Curar enfermos por el solo hecho de ayudar? ¿”Perder el tiempo” enseñando al que no sabe? ¿Acudir a un empleado que pasa momentos de angustia por una enfermedad o dolor? ¿Despojarnos de nuestro orgullo familiar por un apellido o condición social para acudir al que está pasando momentos angustiantes? ¿De qué debemos despojarnos para acudir al hermano? ¿Comodidad, pereza, diversión?  Si Dios se abajó tanto hasta nosotros, ¿quién es más importante que Dios?

 Y tomando una toalla se la ató a la cintura… el ejemplo es estar siempre listos para servir, tener siempre el “mameluco” de servicio. Alguna vez pregunté a un guardia cárcel porque hacían la gimnasia diaria con los borceguíes puestos. La respuesta fue muy simple: si alguien intenta
escapar, no podemos decirle: espera que me ponga las zapatillas así te alcanzo… debe uno estar listo, siempre listo, que no es ponerse el rótulo de servidor por algún acontecimiento… es ser servidor todos los días, las 24 horas… cuesta sí, porque cada uno tiene sus obligaciones, sus tiempos, su agotamiento, pero ponerse la toalla será estar dispuesto a servir en cada momento con quien sea.

Que estos días podamos darnos tiempo para pensar renovar nuestra vida, convertir el corazón, servir  como Jesús lo hizo.

Buena jornada para todos. Felices días de semana santa